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San Miguel, El Salvador, 5 de Marzo del 2008 "MUNDOS PARALELOS” DE OSCAR GÓMEZ Siempre hemos escrito en nuestra pagina que Santa Elena tiene de todo y estamos llenos de talentos, con mucho orgullo publicamos un análisis del libro “Mundos Paralelos” de nuestro escritor Tabudo Oscar Gómez , escrito por otro literato Tabudo de quien ya hemos publicado en nuestra pagina algunos artículos, se trata de Rene Ovidio González, quien hace una análisis profundo sobre la obra de Oscar Gómez. Esperamos que este resumen motive a todos y todas los Tabu-2 a apoyar a este escritor nuestro; comprando el libro de Oscar y asi conocer mas profundamente su aporte a la literatura y que engrandece nuestra comunidad. Evert Lopez
A PROPOSITO DEL LIBRO “MUNDOS PARALELOS” DE OSCAR GÓMEZ Con un epígrafe de gran contenido simbólico, tomado de los escritos de San Juan de la Cruz, el escritor elénico, y en consecuencia usuluteco, Oscar Gómez, inicia su cuarto libro titulado "Mundos Paralelos". Me atrae una de las frases de ese epígrafe: “y pasaré los fuertes y fronteras”. Pienso que lo anterior es un desafío a sí mismo que hace el autor. Por experiencia propia sé que no es fácil sortear los obstáculos, los límites que nos imponen, sobre todo en nuestra sociedad que dista mucho de la sociedad ideal. Cohabitamos en una sociedad concreta donde, como bien lo indica Oscar, existen preceptos legales con los que “cualquier sociedad medianamente civilizada podría ser feliz (…o ser) capaz de asegurar a la familia una educación de calidad…”. Ahí está el meollo de la situación. La educación en El Salvador se sitúa, según mi opinión, en la categoría del análisis que hacía el filósofo alemán Federico Nietzsche. He aquí el pensamiento de Nietzsche: “Se diría que la imaginación sombría de carceleros y verdugos ha dirigido hasta ahora la educación de la humanidad”. Es por esa imaginación sombría que rige a la humanidad, que los creadores, los verdaderos artistas, los hacedores de mundos diferentes y únicos, o los que sí pueden ver ese sinnúmero de mundos paralelos, son excluidos, ridiculizados, devaluados, o invisibilizados. Y ese es el reto de los creadores. Esa es la apuesta de Oscar Gómez en este libro, revertir esa sombría imaginación que nos ha llevado a aceptar sin ofrecer batalla, culturas foráneas, o mejor dicho, lo peor de esas culturas extrañas, enrumbando al país y en él a nuestros jóvenes, a la presunción de que ciertas subculturas mediáticas, deben asumirse como un componente inevitable de la pregonada "globalización" de las sociedades. Oscar Gómez, en cambio, legitima en “Mundos Paralelos”, las raíces de nuestra identidad, rescata para la posteridad a personajes y sus mundos, a personajes y personas de carne y hueso, amigos y amigas, compañeros y compañeras de trabajo con sus creencias, sus mitos, sus leyendas, sus cuentos, sus pasadas, sus miedos, sus ansiedades y sus angustias. Libera de su anonimato a cuenteros extraordinarios, a don César Aparicio Lagos, por ejemplo. O a narradoras y narradores insospechados de fenómenos relacionados con visitantes del Universo, es el caso de docentes con credibilidad indiscutible como Miguel Ángel Gómez y Ana Miriam Rivas, de la ciudad de Santa Elena. Oscar, diría yo, y sus narradores eventuales, heredan a los actuales y futuros nuevos jóvenes, un inmenso legado. Quien no comprenda esto será, a lo mejor, que tiene el síndrome irreversible del artritismo cerebral, que es mortífero. Si esta aldea, como se le llama al Planeta en términos de globalización, hay que globalizarla, entonces, globalicemos lo nuestro. O lo “casi” nuestro. Al fin y al cabo lo que llamamos propio, pudo haber llegado quién sabe de dónde, y lo propio, a su vez, pudo marcharse de aquí a algún sitio lejano. En ese sentido “Mundos Paralelos” nos deja un sabor a pueblo, a barriada, a cipotes campesinos, a rebeldías necesarias, a poshotazos, a café de palo, como lo diría Oscar. Nos transporta, además, a las andanzas de antiguos quijotes y sus bestias de montar, en la figura de don César Diablo y su famosa yegua la Peruana. Nos envuelve en un rollo de palabras malhabladas, y biencriadas; muestra de la habilidad comunicativa de nuestra gente, que sin ser doctos en el idioma, desparraman una floritura de palabras del lenguaje local o regional, estableciendo como única norma, la alegría y la agudeza en la dicción. “Qué perro está este café”, expresa don César a Beto, su amigo y anfitrión. Y Beto le contesta: “Así me gusta a yo”. Algunos definen el realismo mágico como la circunstancia determinada por la historia económica y político-social de nuestros pueblos que brinda las singularidades reflejantes de la “compleja situación vital del hombre, que va desde sus ideas hasta la convivencia social. Se asegura que la naturaleza está por encima de él, mientras que el tiempo es una dimensión que suele ser asfixiante, con un marcado predominio del ambiente rural sobre el urbano”. Pero más que nada, con una supremacía inevitable de la violencia, en sus distintas manifestaciones. Desde la violencia doméstica, hasta las guerras fratricidas, máxima expresión de la violencia política o económica. El libro “Mundos Paralelos” toca esa situación vital del hombre, en sus cuatro capítulos que lo conforman, por supuesto, en unos más que en otros. Pues en algunos de esos capítulos la realidad es tan cruda, que algunos podrían confundirla con la ficción. En estos casos la realidad es insuperable. Sabemos, o intuimos quizás, que toda obra literaria refleja de cualquier modo una situación histórica mediata o inmediata. Es el devenir de la vida el que se retrata, son seres sociales los que interactúan, son mundos distintos los que se entrecruzan creando conflictos. Ya lo explica Oscar Gómez: “Cualquiera que viva en El Salvador se dará cuenta que aún estamos muy lejos de accesar a ese estadio de desarrollo humano”. Nos está hablando de “buena atención médica, techo digno, vestuario decente, alimentación integral, recreación con seguridad, acceso a la cultura, medios de comunicación desintoxicados y comprometidos con el desarrollo humano”. Por eso muchos quieren irse del país. Por eso Carlos, uno de los personajes, se despide con amargura. Dice a su interlocutor-narrador: “Mirá vos, endeudado para salir adelante, qué sueldos más de hambre pagan en este país. Muchos son 'lambecorreas', no piensan, son estúpidos, que creen vivir en el país de las mil maravillas”. Y más adelante el narrador-protagonista expresa lo siguiente: “una lágrima se me atravesó en la garganta, lo miré alejarse dejando atrás la patria, esa patria adolorida e incapaz ya de soñar”. Desde luego, si revisamos detenidamente la obra de Oscar Gómez, encontramos en ella ciertos nexos visibles con autores de la talla de Napoleón Rodríguez Ruiz, sobre todo, pero también con otros como José María Méndez. De vez en vez podemos hallar escondido a un Salarrué o a un Miguel Ángel Espino. En lo realista y en lo costumbrista, en lo místico y en lo mítico, en su tremendo esfuerzo por rescatar los pedazos de la historia, o los restos del país; en su afán por devolvernos un poquito de aquellas viejas y olvidadas tradiciones. Con todo el respeto y admiración que este hecho conlleva y sin que esto signifique que el origen de sus cuentos sean los autores mencionados. Virgilio López Lemus, un cubano, crítico literario, estudioso y analista de la obra garcíamarqueña, en su libro “García Márquez, una vocación incontenible”, nos dice: “Es significativo que en la realidad superestructural latinoamericana la fantasía poética haya ocupado mucho espacio de Colón acá y de Colón allá. Nuestros mitos se han visto reflejados en nuestra literatura y en la de numerosas regiones del mundo, pero también mitos que pudiéramos llamar 'exportados' se han arraigado en nuestras realidades, en las concepciones del mundo del hombre latinoamericano de todas las épocas…”. En Oscar Gómez ha influido mucho la realidad vivida. Recordemos que el país sufrió una época de guerra despiadada, que dejó miles de muertos, inocentes en buen número, que se refleja en cuentos del capitulo cuarto del libro como: “La Toma” y “Los Muchachos”. La desesperanza-esperanza, otro de los temas recurrentes en “Mundos Paralelos”, se nos muestra muy bien delineada en narraciones como “Dios te Salve Patria Sagrada”, “Zoila Esperanza” o “La Seca”. Y lo real maravilloso cobra su mayor esplendor en el más breve de los relatos de este libro: “El hombre invisible”, que lo encontramos en el capítulo tres. He aquí parte del mismo: “Cuando se enamoraba de una muchacha era muy celoso, se volvía muy violento y podía atacar a su adversario, donde y cuando fuera, bueno así era fácil, pues nadie lo podía ver. Los pobladores platicaban con él, pues era un buen conversador. Se alejaba por tiempos a cuevas enmontañadas de la región y en cuyo lugar la gente decía ver gran cantidad de luces que se movían continuamente durante las noches”. ¿Quién no habrá escuchado alguna vez las historias sobre aparecidos, o desaparecidos? ¿Quién no conoce al menos una versión de las leyendas de la Siguanaba en sus varios heterónimos: la Sucia, la Siguamonta o la Silica? Que lance la primera piedra de las dudas quien no haya vivido momentos de horror infantil, “a la luz del candil, el rancho pajizo, el amplio patio, los pepetos, los almendros, el taburete, los cipotes en círculo, el viejito dulce y apasionado hilando, tejiendo a partir del vaho, del plasma, siluetas de misterio, movimientos de luz y penumbra, viajando hasta el más allá”. “La energía no se crea ni se destruye, únicamente se transforma”, nos recuerda Oscar Gómez, aludiendo aquel célebre principio físico que, como él mismo dice, se nos enseñaba en la escuela básica. Y si la materia no es más que una manifestación de la energía, podemos expresar con propiedad que el libro “Mundos Paralelos”, del escritor elénico, Oscar Gómez, es la manifestación más fructífera de esa enorme cantidad de energía positiva que guarda, y que nos regala este autor salvadoreño, en toda la complejidad de su ser. Es la expresión evidente del caudal poderosísimo de energía que gravita en las mentes lúcidas, brillantes; y que servirá para cambiar la materia descompuesta de que está construido este país. O de la cual han construido este país, no sé si a propósito o a descuido. Una colaboración de Rene Ovidio Gonzalez: reneovi@hotmail.com |
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