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San Francisco, California, 11 de Octubre del 2008 Belleza Salvadoreña Me encontraba en una esquina esperando por mi amigo que minutos antes me llamo para que le acompañase a Usulután, faltaban mas o menos 15 minutos para las doce del medio día, el calor se estaba tornando fatigante incluso para los que acá vivian y estaban acostumbrados a el clima. A estas alturas ya estábamos en Usulután frente a la Escuela Basilio Blandon , mi amigo y yo nos acercamos con una vendedora y le pedimos dos minutas para al menos refrescarnos un poco, mientras ella preparaba el raspado le pregunte a mi amigo que cual era el hecho de estar a medio día en punto en Usulután, el solamente sonrió y me dijo “cálmate solo vine a traer a alguien ya nos vamos”. Luego de recibir las minutas caminamos hacia la esquina ha esperar por ese alguien al que el se refería, mientras tanto los estudiantes caminaban para sus casas entre ellos mujeres bellas, que hacían prácticamente que nos olvidáramos de el calor; no paraban de pasar se veían tan sexy con sus uniformes, las minifaldas, sus calcetas “Elizabeth”, sino mal recuerdo, también sus zapatos negros, sus cuadernos a un lado de la cintura sostenidos en el brazo, que bonito es disfrutar ese desfile de bellezas que para el colmo era de gratis y todos los días; de repente en medio de la calle una mujer con una sonrisa radiante y sus camanances lucidos embellecían mas ese medio día caluroso. Imágenes y pensamientos en mi mente describían esa hembra como la belleza hecha realidad y sin faltar los instintos masculinos me preparaba a verla pasar en frente de mí y poder decirle algo que le agradara, expresar en síntesis lo que ella y la belleza tenían en común. No faltaba el hecho de decirle a mi amigo lo que mis ojos estaban viendo, me réferi de ella con tanta admiración que fui capaz de idolatrar belleza. Esa sonrisa me seguía obsesionando la veía como una flor brotando de su árbol, aromática y colorida, y con el deseo que se siente de olerla, pero en este mi caso de tenerla entre mis brazos. A medida ella avanzaba se acercaba mas a nosotros, y yo haciendo pajaritos en el aire respirando su aroma y observándola con su caminado coqueto y sonrisa maliciosa que era capaz de embriagar a cualquiera que la estuviera observando. Cuando de repente se acerca a nosotros y se dirige a mi amigo sonriendo de la forma que mejor lo hace, mi respiración se aceleraba y mis pulmones la necesitaban como necesita el oxigeno, mi amigo fríamente la saludo, a ella y su amiga, y yo con envidia deseando ser el que hablaba con ella. Es increíble como la naturaleza puede ser tan exacta y brindar tanta belleza a nuestros ojos, que en esos días lo pasábamos desapercibido,” dije a mi mismo”. Así es como recuerdo ilusiones en mi juventud en El salvador, éramos muchos, sin importar edades, los que disfrutáramos con esas sonrisas aterradoras y la coquetería con que ellas contaban, que conste hacían buen uso de su alarde ya que no era, yo, el único que se ilusionaba. Bien creo esta tradición continua hoy en día, no estoy seguro, lo único que puedo decir que si no es así, estén perdiendo mucho de disfrutar nuestra belleza en un desfile que yo lo llamaría, desfile escolar. Juan Antonio Garay |
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