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Rincon Literario
 

Arizona, USA , 22 de Febrero del 2008

El Campanario

El campanario de la iglesia vieja de Santa Elena era uno de esos misterios que sobrevivían en viejas historias de señoras quienes decían que allí asustaban o que allí violaban a los niños; de todas maneras existía la curiosidad en mi de ir a conocer y sentir ese miedo… de modo que con la guía del ayudante del párroco, mas bien diría el ayudante del ayudante quien era el que tocaba las campanas, pues era un cipote como de unos 15 o 16 años decidimos subir.

Nos fuimos el grupito de bichos a conocer el lugar y como a la Hora de la Oración, las campanas siempre doblaban, entonces escogimos esa hora pues sabíamos que el ayudante tenía que subir;  y empezamos a subir por aquellas viejas y desvencijadas escaleras con uno que otro clavo suelto y una que otra tabla suelta floja, por el lado del coro de la iglesia que lucía viejo y polvoso con aquel polvo de muchos años;  procurábamos no ver para abajo ya que en los espacios que dejaban las tablas que formaban las escaleras, se entreveía el piso y la altura considerable a la que íbamos subiendo, todo aquello se movía,  lo que contribuía a incrementar nuestro pánico y la ansiedad por llegar a lo más alto de una vez.

Ya en la plataforma, caminamos entre aquel maderero suelto a nuestro último tramo que eran unas gradas de tierra esculpidas en el adobe que formaba las paredes inmensas de la iglesia, y al fin llegamos a nuestra meta que era el campanario desde donde se podían ver los cuatro confines del pueblo, la Ceiba, el cabildo, la casa del párroco, el mercado, y el majestuoso volcán de Usulután,  por un lado y el Chaparrastique por el otro, era, sin lugar a dudas el sitio más alto del pueblo… en el campanario había 3 campanas, una enorme que era la que sonaba más ronco, una mediana, que hacía la segunda voz y la pequeña que hacía los sonidos altos; el campanero tomaba los badajos de las dos campanas más pequeñas por una cuerda atada al final, con una mano, y con la otra agarraba la cuerda del badajo de la campana mayor y con un ritmo especial comenzaba a repicar… para qué les digo que el sonido era tan ensordecedor que sentía que vibraba todo mi cuerpo de dentro hacia fuera y mi cabeza sentía que estallaba… pero había logrado vencer mis miedos y descubrir el misterio de aquel campanario.

Una colaboración de Frank Osegueda: frantogsi@gmail.com 

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