TABU-2 |
Arizona, USA , 27 de Febrero del 2008 Del Baño Público y Los Candiles Una cosa bien peculiar de Santa Elena era el baño público; cuando estaba yo muy pequeño, no había servicio de agua potable a las casas en Santa Elena, ni electricidad como la que ahora estamos acostumbrados y la tomamos por garantizada, por lo tanto la gente acostumbraba a tomar agua filtrada con filtros artesanales hechos de barro y piedra volcánica porosa, eran los populares porrones, y como vaso se utilizan “huacales “de morro. El baño se hacía en el lugar público donde habían unos lavaderos que eran surtidos por una vertiente de agua que nacía cerca... allí las mujeres se bañaban con los niños y lavaban su ropa, era una vista natural ver a las mujeres “topless” desnudas de la cintura para arriba... La iluminación en la noche se hacía por medio de candiles de gas kerosén ya sea hechos por un hojalatero o “hechizos” “made in home” usando botellas vacías de cualquier cosa y fabricando la mecha con un pedazo de tela vieja enrollado sobre si mismo y cuya punta se extraía por un pequeño agujero redondo en el centro del tapón; yo me había especializado en hacerlos con pachas de Muñeco, el guaro favorito de muchos tabudos. Como mi tía tenía tienda, necesitaba más iluminación, por eso ella utilizaba lámparas de gas Coleman que se iluminaban gracias a la quema de una camisa incandescente alimentada de gas kerosén vaporizado a presión. A mí me gustaba la tenue iluminación proporcionada por los candiles con su típico olor del humo despedido por el gas quemado, pero que producía más sensación de misterio a lo desconocido y propiciaba que la gente se agrupara y empezara a contar historias de caminos oscuros y de aventuras vividas en tiempos pasados, especiadas con cuentos llamados de camino real... Mi prima se sabía muchas historias y cuentos de miedo como el del padre sin cabeza, o el jinete sin cabeza, la carreta chillona, el cadejo, etc. y nos entretenía a los otros cipotes sentados alrededor de la mesa del comedor y luego afuera sentados en las gradas de la casa, iluminados por la luz de las estrellas y el saludo de uno que otro caminante solitario, o de una carreta chillona que iluminaba su camino con un candil especialmente fabricado para ir colocado en el centro del yugo y en medio de la yunta de los bueyes ya cansados y babeantes.... El problema era la hora de irnos a acostar cuando en las noches sin luna y adentro de la casa uno no se podía ni ver las manos de lo oscuro que se ponía, empezaba el miedo y los escalofríos hasta que el sueño finalmente nos vencía. Una colaboración de Frank Osegueda: frantogsi@gmail.com |
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