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Soyapango, El Salvador, 16 de Junio del 2008 DOMINGO DE RAMOS Por las viejas calles empedradas de Santa Elena, un fuerte olor a Flor de Coyol invade el ambiente. Las abuelas presurosas preparan su mantilla (especie de pañuelo de color negro o blanco para cubrir la cabeza), por que ya dieron el primer repique. El vestido blanco se destaca entre la multitud de gente que baja de la ciudad y los cantones hasta la Iglesia. El padre “Rodas”, (De grata recordación), como siempre luce sus mejores galas. Suenan las campanas, se escucha el último repique. Los monaguillos o ciriales, estrenan traje nuevo, mi hermano Evert es uno de ellos; cual soldados en perfecta formación se dirigen junto al padre a la Iglesia para iniciar los servicios religiosos. En la casa se escucha una voz que dice “Apúrense cipotes”, que ya va ha comenzar la procesión. Todos hombres, mujeres, niños y niñas visten traje nuevo o en su defecto el dominguero. La voz del padre “Rodas” llama al orden. “Nuestro señor Jesucristo exige sacrificio”, Los hombres se necesitan en la Iglesia del Calvario para cargar al Nazareno. Es tiempo santo, es tiempo de reflexión y conversión, esas parejas suéltense de las manos, ya tendrán tiempo para platicar”. Una suave brisa lleva el olor a incienso a todos los rincones. Sendos ramos de flor de coyol son cargados por los más ancianos, bastaba con acercarse a ellos y solicitar un par de palmas para que te los donaran. En nuestra población para esta época, me refiero a los años 70´s, los ramos de palma y las famosas cruces no se comercializaban, como ocurre en San Salvador y otras ciudades. Desde un día antes eran bajados de los árboles de coyol y coco por expertos cortadores. Un coro de beatas (ancianas mayores) inician el canto, se escucha un desafinado “vienen con alegría señor”... Una buena parte de la feligresía ya está en El Calvario, acompañando al Nazareno que hace su entrada triunfal a la ciudad. Los jóvenes de la época no pierden la oportunidad para “chancear” (conversar) con la novia; otros no dejan de mirar cual muchacha guapa les da “chance” (oportunidad de poder cortejarlas). El sol comienza a subir un mar de palmas y cruces acompañan al Nazareno, se escucha la banda musical de Lolotique, contratada para la ocasión que toca una marcha acorde al servicio religioso. Al finalizar el padre “Rodas” interrumpe nuevamente, se escuchan los regaños “esos novios dejen de besuquearse en la procesión, suelten a la muchacha, mejor ayuden a los santos varones a cargar al Nazareno”. Unos cuantos rostros se sonrojan, las miradas de los mayores les delatan. A eso de las 10 de la mañana la procesión está por llegar al parque. Las hijas de María son las primeras en entrar, seguidamente las señoras de la sociedad de la cruz, a continuación la congregación de San José, seguidamente el Apostolado y por último la guardia del santísimo y finalmente el Nazareno. En otro escenario, “los cipotes” se divierten, han comprado “huevos chimbos”, corren y sorprenden al más descuidado, le revientan los huevos en la cabeza. Una lluvia de papel de confeti cae sobre los cabellos y la espalda. No falta alguien que se enoje y pese a estar en tiempo santo, deja ir una reverenda sermoneada. Rostros sudorosos de mujeres y hombres han acompañado al Nazareno, algunos ya dejan ver el cansancio y la deshidratación por el inclemente sol. Los jóvenes se quedan en el parque tomando un refresco o una gaseosa en las refresquerías de “belacho”. La procesión está adentro, el sacerdote inicia la misa, después de un largo sermón se escucha “y la bendición de Dios todo Poderoso les acompañe en el nombre del padre..., Se da por iniciada la semana mayor, nos espera una serie de ritos y servicios religiosos y mucho sacrificio durante este período. Las campanas de la Iglesia llamaran a la feligresía. Los jóvenes muy felices hacen planes de la forma como podrán ver a sus novias, en las diferentes procesiones, única manera de estar cerca de ellas en este período de vacaciones, otros programan para el sábado de gloria la excursión al “Espino o El Cuco”. Huele a jocotes y mangos en miel... Erick López |
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