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San Francisco, California, 14 de Abril del 2010

El Apagon

Fue en el verano de 1996 como todo salvadoreño buscando salir adelante en los Estados Unidos de América.

Me encontraba viviendo en la ciudad de Los Ángeles. Ciudad muy cálida y para buena fortuna muchos inmigrantes latinoamericanos, lo cual me facilitaba el lenguaje, ya que el ingles era una barrera muy fuerte, para mí, en esos días.

Cada día que pasaba eran días acumulados de vivir lejos de mi tierra, sin embargo lo que yo quería era conseguir trabajo para continuar con lo que llamamos “sueño Americano”, digo continuar ya que anteriormente vivía en la ciudad de San Francisco, de donde tuve que inmigrar por motivos familiares.

Los retos comenzaron a salir y pensaba en algo que de alguna forma me generara ingresos económicos, tenia deseos de inventar algo que me hiciere famoso y millonario, quien en su vida no ha querido eso?

Los días pasaban y pasaban y yo aun sin trabajar, lo único que hacía era irme con mi amigo los fines de semana a echarnos las cervezas y visitar otros amigos tabudos.

La frustración era tan grande que quería regresar a San Francisco, en mi mente pasaban solo ideas frustrantes y frases despectivas a cerca de lo que era vivir en Los Ángeles. Considero que todos los que hemos inmigrado fuera de nuestros pueblos de alguna forma han pasado situaciones frustrantes para poder salir adelante. Al final creo esto es lo que nos hace crecer como humanos y ayuda a tomar mejores decisiones en nuestras vidas.

Una mañana cuando me encontraba desayunando, recibí una llamada telefónica para ir a una entrevista de trabajo, la cual era para hacer jardinería. En ese momento dije, ya la hice!

En San Francisco había visto a algunos amigos trabajar en eso y me dije a mi mismo que si lo podía hacer.

Ya en el lugar de trabajo a todo lo que me preguntaban dije si, bien había que comenzar el siguiente día, empecé con llamar a mis amigos que hacían ese trabajo y hacer preguntas sobre cómo y que necesitaba para hacerme jardinero. Realmente la experiencia no la iba a tener pero si conseguí las herramientas y estaba yo con deseos de trabajar, como la ven?

El siguiente día comencé mi faena como jardinero limpiando alrededor de las antenas de teléfonos celulares, ya que por ley el cuerpo de bomberos obliga a los dueños a mantener limpio de malezas y hierbas secas, cada una de las antenas que estaban instaladas en todo el sur de California.

Algunas veces era desesperante el calor que hacía, sin embargo había que salir adelante.

Poco a Poco me fui entrando en lo que era la jardinería, me di cuenta que mis hermanos hacían eso en Los Ángeles, lo único diferente que ellos trabajaban para casas lo cual hacia el trabajo de ellos más detallado que el mío.

Después de varios meses haciendo de jardinero me ofrecen un trabajo, en la misma compañía, de apodar ciertos árboles de eucalipto tenía un poco de temor por que eso ya era otra rama de la jardinería que no había hecho, pero decidí hablarle a mi hermano para preguntarle detalles de cómo hacerlo y así comencé esa otra fase de la jardinería.

Comencé haciendo trabajos pequeños de uno a dos árboles y a medida pasaba el tiempo mi jefe agarraba confianza conmigo e íbamos aumentando la cantidad de árboles que apodábamos, cada vez que un proyecto de estos llegaba.

Esta vez, el proyecto era grande y muy importante había que apodar eucaliptos en el anfiteatro de los ángeles, lugar para eventos artísticos de gran magnitud, los mejores artistas anglosajones y de habla hispana pasaban por ahí, ahora se dan cuenta porque era este proyecto importante para mí?.

El proyecto estaba planeado para una semana de trabajo y apenas comenzábamos en un lunes el plan era que para el sábado todo estuviera bajo control.

Tuve que llamar a mi hermano y su amigo para que aceleráramos el trabajo y salir así como lo habíamos planeado.

Todo estaba a perfección, llega el sábado y cada uno con su cafecito listo para terminar la faena, que estaba planeada hasta las doce del medio día. Eran las diez de la mañana y ahí comenzaron a salir las cosas mal una de las maquinas que estábamos usando para elevarnos y poder cortar las ramas se quedo sin gas y mi hermano estaba subido en la canasta a 25 pies de altura que aproximadamente son como 8 metros.

Salí corriendo a llenar el tanque de gas propano, mi hermano estaba un poco nervioso allá arriba, y yo por supuesto pensaba en la responsabilidad que tenia para entregar el trabajo y para colmo había evento programado para esa noche, esto hacia las cosas mas difíciles.

Ya de Nuevo trabajando en los árboles, todos parecíamos locos gritándonos el uno al otro y haciendo el trabajo rápidamente para salir con el tiempo. Pero nada fue suficiente el reloj nunca se detuvo y al parecer avanzaba mas rápido que lo normal.

Eran las siete de la noche, afortunados con el sol que como es costumbre en el verano se oculta casi después de las ocho, nosotros exhaustos y un poco frustrados continuábamos nuestro trabajo y en el anfiteatro la función estaba a punto de comenzar.

Ramas y ramas caían al suelo, los motores de las sierras sonaban sin cesar, el ruido de los pasos corriendo halando ramas y nuestras voces era el sonido que estaba despidiendo la noche, cuando de repente la música empieza a sonar en el anfiteatro, nuestro ruido y el de la música se mezclaban.

“Hablando de mujeres y traiciones” era el sonido que venía del anfiteatro y nosotros cortando ramas y cantando al ritmo de la música ranchera de Vicente Fernández, ahí nos dimos cuenta la importancia que tenia para los dueños del teatro, ese lugar estaba a reventar.

El sonido de la sierra continuaba y ya era el ultimo árbol que había que apodar, de repente escucho el grito de mi hermano que dice que la rama se estaba quebrando y no podía amarrarla a la maquina, “aguántala y mueve la maquina hacia la derecha” grite yo, ya que estaba en dirección del cableado eléctrico, veía a mi hermano que ya no aguantaba sostenerla y el movimiento de la máquina para quitarla del camino de los cables hizo que se terminara de desprender.

Chispazos de luces y sonidos de la electricidad se escuchaban, todos corríamos desesperados y con temor a que un cable nos achicharrara. Minutos después, policías, cuerpo de bomberos estaban en el lugar de los hechos, yo estaba súper nervioso no tenía ni idea del problema que me había metido.

Sin embargo en el anfiteatro la voz de Vicente Fernández se había callado, un silencio y un frío nervioso se habían apoderado de mí, muchas cosas pasaron por mi mente, el compromiso y responsabilidad a la que debía de enfrentar.

Solo minutos pasaron y la voz del rey ranchero volvió a escucharse, nosotros terminamos el día de trabajo y cuando caminábamos a nuestros vehículos reíamos diciendo, increíble pero un tabudo vino a Los Ángeles a callarle la boca a Vicente Fernández.

Juan Antonio Garay
elgatojag@yahoo.com

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