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San Francisco, California, 6 de Noviembre del 2008

La Bala que Corto Mi Ceja

Ya era una semana y el sonido agudo de las balas continuaba como las chicharras en el verano que no abandonan su canto.

Cae la madrugada y la gente de camino al mercado como si no estuviese sucediendo nada, las balas se seguían escuchando como la música del día y la luz del sol se escapaba de la misma forma que entraba la noche.

Lo único que la noche era mas larga que de costumbre, con el tendido eléctrico destruido y como luz solamente el reflejo, que en esos momentos brillante, de las estrellas y las balas que alumbraban el cielo. Era un riesgo estar en la calle, primeramente la oscuridad y las balas que no paraban de ser disparadas tanto por el ejército y las fuerzas del FMLN que se encontraban en el pueblo.

Los gallos comenzaban a cantar dando paso a otro día, se abren las puertas de la casa y en las calles una soledad tremenda, el ruido de la música había desaparecido como por arte de magia.

Cuando en la esquina una columna de hombres armados que hasta ese momento no se podía identificar de quienes se trataba entraban a Santa Elena. Mientras tanto de cada una de las casas iba saliendo la gente con la misma necesidad que lo hacen los garrobos para tomar un poco de sol del día; en el sector que conocemos como el “mollejon” se apostaron los militares, mochilas y todo lo que cargaban al suelo y a descansar después de un largo trajín.

En ese momento ellos tenían el control de Santa Elena, la mayoría de los jóvenes estábamos preocupados por que realmente para nosotros no existía seguridad que el ejército estuviera ahí ya que ellos como siempre abusaba del poder militar que tenían.

Recuerdo los señores para ellos si era un orgullo lo que estaba sucediendo por que ellos se sentían identificados y protegidos por la fuerza armada.

De repente sobre el cielo de Santa Elena comenzaron a volar helicópteros y aviones borbanderos que sin duda se dirigían hacia Las Marías, lugar controlado por el FMLN; el sonido de las cananas comenzaba, ráfagas y ráfagas de plomo eran disparadas por el helicóptero y detrás de ese sonido agudo las bombas que eran tiradas por los aviones fuga.

Para mi ya llegaba el momento, tenia que partir para la universidad (UES) pero no tenia seguridad que estuviese abierta; era un solo relajo no había transporte y los buses que se arriesgaban a viajar de Usulután a San Salvador cobraban casi el doble, bueno no había otra que decidir a regresar a la capital y averiguar si habían clases.

La sorpresa fue que al llegar a la UES una línea de militares estaba cuidando la entrada principal del centro educativo, decidimos entrar y al pasar el reten todos a sacar los libros de la mochila y todo lo que lleváramos, decían ellos por motivos de seguridad, pero la verdad creo, sus intenciones eran diferentes, bueno todos sabemos cuales; ya que en la Universidad ni siquiera estaba el presidente para cuidársele, ya adentro nos damos cuenta que las clases están suspendidas y que necesitábamos, ya sea llamar o estar pendientes de cuando se reanudarían las clases; para mi esta situación era jodida ya que quería regresar a Santa Elena y ese hecho no daba con mi situación económica, debía pensar que hacer para solucionar ya que de un rato a otro se podía venir la guerra a la capital y ahí si que la regaría porque ya no tendríamos para estar comiendo, creo esta era la situación de todos los que habíamos dejado Santa Elena para continuar nuestros estudios, si había algunos casos de compañeros que tenían su familia en San Salvador y no veían diferencia en que lugar ellos estuviesen. Bien regresamos a Santa Elena esta vez de Usulután al pueblo tuvimos que caminar la ruta que llega al cementerio éramos muchos, no se sintió el camino ya que todos comentaban la coyuntura que se estaba viviendo y no falta alguno que contaba chiste tras chiste para entretener a la mara.

Santa Elena estaba solo, en silencio como si estuviéramos de luto, el único ruido eran los aviones y el tropel de columnas guerrilleras que ya habían retomado Santa Elena, no se me olvida eran reuniones en cada esquina, los guerrilleros, como los llamaban, impartían charlas a la población todo mundo muy atento a lo que el comandante decía, así pasábamos día a día, una que otra vez llegaban los soldados todos a correr y comenzaba la melodía a sonar pero esta vez duraba mas o menos una hora y así la pasaron por muchos días; la población estaba acostumbrada a estos cambios bruscos de comodidad, la gente comenzaba la rutina de siempre con normalidad la única diferencia era que encontrábamos “compás” o soldados en todas la calles.

No recuerdo exactamente la fecha pero la mara en el Vencedor comenzó a practicar al fútbol de nuevo éramos un buen grupillo que jugábamos de remedios, todos los días caminamos para Analco a hacerle el trabuco al Vencedor, era divertido a pesar de no tener seguridad por la situación que vivíamos a nivel nacional y no digamos local, a esto le agregamos la falta de energía eléctrica, ya que cuando se terminaba de jugar prácticamente estaba oscuro para nosotros los jóvenes esto era la única diversión y así esperábamos con ansias la tarde, esto hacia que el tiempo corriera rápidamente.

También episodios que la guerra dejaba eran parte de nuestro “hobby”, muertos y heridos, mítines impartidos ya sea por la guerrilla o el ejército ya que se turnaban para estar en la ciudad, irónico pero era así.

Recuerdo el temor que se tenia a morir todos nos preguntábamos si la guerra nunca terminaría eso era la pregunta que en común tuvimos los Salvadoreños durante este periodo, pero no obstante también hubimos miedosos que nos arriesgamos a hacer cosas que fueron prohibida por el Gobierno incluso pudimos haber perdido la vida por ello, para mencionar alguna les contare la siguiente anécdota.

Este día se habían encontrado una vez mas los “compás” y los soldados del batallón Atonal comenzaron a pelear desde las 11 de la mañana, todo mundo metido en sus casas algunos rezando, otros temblando del miedo ya que la situación después de muchas horas de balazos solo causaba imaginarse que ahí quedaríamos, especialmente cuando escuchábamos las bombas parecía que las estuvieran tirando a una cuadra de distancia; bueno yo en mi casa me encontraba leyendo un libro de Ana Guadalupe Martinez, “cárceles clandestina de El Salvador”, este libro me hubiese causado la muerte, mi abuelo me decía “hijo de puta te van a matar, deja de leer esa mierda que cuando ganemos no quedaran vivos”; yo me reía al escuchar a mi padre decir eso bueno algunas veces hasta el me amenazaba y mi abuela siempre le decía que nos dejara en paz, a esas alturas ya eran como las siete de la noche cuando un familiar mío y también vecino me estaba hablando del otro lado del muro “ hey ya va comenzar la radio Venceremos si la agarras me hablas haber como esta la situación en el país” si, le dije, ya que tenia un radio que trajo mi primo y sintonizábamos a perfección la radio Venceremos, especialmente con la antena de alambre que le habíamos hecho; de repente la voz de Santiago y Mariposa daban inicio a la transmisión de la radio del FMLN, en mi casa estábamos todos, bueno casi todos, pendientes de la transmisión con el volumen muy bajo, ya que afuera la batalla continuaba y el tropel de hombres armados no se detenía, y yo en mi mente pensaba en si nos descubrían escuchando esta radio, no solo nos torturarían hasta nos podían matar, imagínense a estas alturas solo pienso en todos esos riesgos que como jóvenes pasamos y analizo la situación en que se encuentra mi país realmente me pone en que pensar.

Una canción de Cutumay Camones comienza a sonar “vamos ganando la paz con redobles de tambores con fusiles guerrilleros y sonrisas en los niños vamos ganando la paz”, la radio Venceremos continuaba su transmisión en honda corta y nosotros pendientes de algún reporte de Santa Elena. Mientras tanto la radio oficial de las fuerzas armadas decía que ya habían derrotado al FMLN y que la situación se normalizaría muy pronto, puras mentiras, probablemente la gente que vivió en zonas donde casi nunca hubo guerra creía esta farsa, mientras tanto en oriente nosotros sufríamos en carne propia lo duro que fue la guerra.

Bien el siguiente día la normalidad llega, los militares apostados en todas la esquinas, la población empieza su rutina las ventas de tostadas, pupusas, pasteles etc., se preparan para cocinar; por cierto a una cuadra de mi casa estaba siempre una buena amiga mía que no fallaba su venta a las cinco de tarde.

Este día todos los que jugábamos fútbol íbamos, alrededor de las cuatro de la tarde, para el vencedor a prepararles el trabuco, esto realmente nos hacia olvidar la situación de la guerra; después de dos horas entre ejercicios y la practica regresábamos muy contextos para la casa, todo aquello estaba oscuro cruzamos en la esquina de donde los “lobitos” dejando a nuestra espalda, por razones de ubicación, lo que es el cantón el ámate sino me equivoco; y en frente la calle que da directo al río; bien llegamos a la siguiente cuadra, “el mollejon”, y algunos nos quedamos hablando tonteras, recuerdo se veía el fuego de la cocina de mi amiga haciendo pupusas y pasteles, ahí en el mismo sector se encontraba un grupo de soldados nerviosos ya que la noche había llegado.

Entre chistes y carcajadas estábamos cuando sale una luz, parecía cometa y junto a ella una explosión enorme la acompañaba, mis amigos y yo buscamos donde meternos. Mi mente revolucionaba y nunca decidía que hacer, en términos de minutos todos habían desaparecido y yo pensando que hacer de repente veo a mi tío y le grito hey tío, cuando el me dice “jodido que haces ahí métete que te van a matar”, el vivía en dirección de donde estaban los soldados.

Bueno ya seguro adentro nos fuimos a sentar a las hamacas que el tenia en el patio, bueno me comenzó a regañar como era su costumbre y yo como le conocía solo lo escuchaba, los minutos pasaban y las balas se escuchaban cada vez menos. “Bueno jodido dijo mi tío yo creo que esto se acabo voy a echar un vistazo a ver como esta la situación allá fuera”, y el como siempre acostumbro, usaba su sombreo o cachucha día y noche, mientras tanto su esposa me decía Juancito no te vallas quédate esta muy peligroso, y yo honestamente nunca tuve problema por quedarme en algún lugar pero esta vez era diferente me entro desesperación por irme a mi casa, luego pregunte a mi tío, y por fin como ve, “bueno jodido yo creo que no hay nada por que hasta la vendedora prendió el fuego de nuevo”, me levante de la hamaca y me dirigí a la puerta donde mi tío todavía estaba parado, yo que asomo la cabeza escucho la explosión y no se ni como hice la cabeza hacia atrás pero ya la bala había cortado la parte entre la ceja y mi ojo, fue terrible por mi mente pasaron muchas imagines caí al suelo mi tío me halo hacia dentro y su esposa gritaba asustada “ mataron a Juancito continuamente; yo toque mi cabeza y la sangre había corrido hacia atrás en ese momento creí que la bala me había cruzado; ahí comenzó mi delirio.

Primeramente pensé en mi mama, mis abuelos y pensaba que yo todavía no había hecho nada por ellos, eso me mataba mas y suplicaba a mi tío que por favor no los desamparara, y entre lagrimas y pensamientos ellos me decían que la bala solo había cortado mi ceja pero yo insistía en que me engañaban y que sentía la sangre en la parte de atrás de mi cabeza; finalmente me limpiaron y mostraron con un espejo lo que ellos me decían eso me calmo un poco; después me ubicaron en una hamaca que esta en el corredor y me dijeron que me durmiera para el siguiente día llevarme al hospital.

Me detuvieron la sangre y con un algodón me cubrieron la herida, me quede solo en el pasillo cuando de repente el “boludo” se salto el muro y se quedo platicando conmigo por un buen rato eso me distrajo del dolor.

Trataba y trataba de dormir y no podía cada vez que cerraba los ojos sentía arena dentro de ellos, era el polvo que salio de la pared cuando la bala pego antes que me cortara; fue una noche muy larga el arenero en los ojos y para mas fregar el ruido de los patos tomando agua, fue un desastre pero al final talvez dormí un par de horas por que el sol del amanecer me despertó de nuevo y con ello “mama blanca” ya lista para quitarme el algodón, solo medio lo mojo con dioxogen y le pego el jalón, la herida se abrió de nuevo, la sangre brotaba y yo sufriendo entre ardor y dolor, que conste fue mas terrible que el balazo en si.

Se hicieron las siete y para el hospital, a esas alturas mi familia no sabia lo que me había sucedido, mi mama vendiendo en el mercado y mi abuela preparando chicharrones para el almuerzo; al regresar del hospital veo a mi madre desesperada y llorando, le habían dicho en el mercado que me habían matado, en eso momentos comprendí cuanto sufren nuestros padres cuando sus hijos están en problemas, y cuanto nosotros los jóvenes ignoramos y no somos dignos de hacerles felices en esas etapas que ellos se sienten orgullosos de nosotros; una lagrima y otra y mis letras siguen llegando a mi mente, hoy tengo a mis padres y los quiero mucho pero extraño tanto a mis abuelos, a ese viejito que auque un día me amenazo, siempre quiso lo mejor para mi y así fue ya que a pesar de ser juguetón y de que nadie tuviese confianza en mi, yo les he demostrado lo contrario y eso gracias a la educación de ellos.

Esta es mi historia la verdadera historia de esa bala que gracias a Dios no me arrebato la vida.

Un abrazo para todos, su amigo de siempre

Juan Antonio Garay - El Gato ceja cortada
elgatojag@yahoo.com

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