TABU-2 |
Atlanta, USA, 30 de Enero del 2009 La Casa del Callejón “El que entre aquí vencedor será, el que mate al dragón el escudo ganara” Fue desde niño que siempre evite pasar por aquel sector de la ciudad (y creo que la mayoría de la gente lo hacia). -Yo me regia únicamente por la costumbre del instinto general, pero a decir verdad, jamás escuche a nadie aconsejar, ni tan siquiera sugerir que tal cosa se debía hacer así: Lo que la gente sabia era que mientras pudiera y no fuera tan imperante pasar por ahí, lo mejor era soslayar el camino. Siempre que a temprana edad me fui llorando detrás de mi Madre, cuando a buenas cinco de la mañana se levantaba para ir a comprar el famoso “Pan de papa”, sabroso pan francés horneado por don Miguel Flores en su panadería del barrio Analco evadíamos recorrer tal calle, ubicada en el centro del pueblo, rodeando la antigua “Comandancia Local”, que por esa época ocupaba la casa de la esquina, donde vivía don Margarito junto a su familia. Enquistado en el mismísimo subconsciente, por alguna razón hasta entonces desconocida para mi, el miedo hacia torcer los pasos de la población cuando por azares de la vida tenían que pasar demasiado cerca del lugar. Una extraña fuerza les repelía en las cercanías de la solitaria callejuela, y una poderosa impresión que emanaba de las gigantescas paredes hacían presagiar lo peor; así que lo mejor era evitarse de voltear la mirada.- Sin embargo, muy a pesar de lo que arriba escribo, siempre hay algunos que haciendo “de tripas corazón” afirmaban el haberse aventurado al interior del armatoste de casa y relatando cosas muy espeluznantes, le ponían a uno “la piel de gallina”. En lo particular puedo decirles que cuando crecí un poco, también crecieron mis dudas y mis traumas, me llene de varias preguntas que nadie deseaba responder. ¿Que insondable misterio encerraba el viejo edificio? ¿Por que la gente no quería pasar tan cerca del mismo? ¿Vivian personas en la tétrica mansión? ¿Por que aparentaba ser siempre una casa vacía? ¿Era real todo lo que se tejía alrededor de la casa o solo era producto de una febril imaginación?.... Algunos que espiaban por encima de los trascorrales de las casas vecinas afirmaban haber visto “cosas” dentro de la misma. -¿Cosas? ¿Como cuales? Yo me pregunto y les pregunto a ustedes mis estimados lectores: ¿No seria que a la gente le gustaba mucho el “chisme”?... Si, llego el momento en el cual, enterándome que la casa estaba efectivamente habitada por dos personas me llamo mas la curiosidad aun cuando desde lejos se podía apreciar que sus puertas estaban todo el tiempo cerradas; yo juraría que iba a ser imposible reponerme del monstruoso miedo que me devoraba con solo la idea de pasar enfrente; ya que según comentaban los pocos que osaban cruzarse por ahí, y que nunca faltan, al interior del viejo caserón se escuchaban extraños ruidos. -A pesar de todo no me parecía justo valerse de puras “invenciones” para echar a rodar toda clase de intrigas alrededor de la misma, todo esto destrozaba mis nervios y por las noches, negros nubarrones mentales y pesadas sombras oprimían mi pecho al momento de caer en los brazos de Morfeo, mientras en mis sueños vagaba errabundo en regiones creadas por el miedo... Jamás pensé que un día el destino me tendiera una emboscada, cuando a “quemarropa”, como se dice a veces, recibí una invitación que más bien parecía un reto. -Yo tenia un caro amigo de nombre Romilio, un día me lo encontré cerca del parque y me dijo: -Vamos donde mi papa... -Vaya, vaya, quienes vivían en la famosa casa eran ni mas ni menos que el padre y una medio hermana de mi amigo y eso yo no lo sabia. Por un momento me detuve a pensar: -”Bueno quizás ya entre dos sea menos el temor”, y le respondí: -¿A la casa del callejón?... ¡pero ya es tarde!.... -No me voy a estar mas de treinta minutos -replico el -si ni a mi me gusta llegar ahí. -Bien, -le dije -déjame ir al telégrafo pues quiero hacer una llamada... -jmjm...-murmuro - y nos fuimos. Al llegar al telégrafo trate de hacer mas corta la llamada pues nos fijamos que se estaba “poniendo” una tormenta de aquellas que se formaban del lado del mar y debíamos apurarnos, pues si no... Cuando ingresamos a la calle lo hicimos doblando la esquina de la “Tienda y Farmacia”, caminando de oriente a poniente; en el horizonte, el sol se ocultaba detrás del cerrito que parecía incendiarse... La tarde ya se despedía al momento de penetrar al caserón...un fuerte olor a esencia de “Los Siete Espíritus” se percibía en la estancia, impregnándose en todas las cosas; serian las cinco y treinta; y por los tragaluces todavía se filtraba la luz crepuscular que iluminaba por reflejo el interior, mientras en la parte trasera las ramas de los árboles creaban un raro contraste, un juego entre luz y sombra... Un radio transistor se escuchaba al otro lado del trascorral en la casa donde vendían aguardiente; cuando la tenue luz de un candil de Kerosene le llamo la atención a “Milo” y este se dirigió hacia esa parte recóndita de la casa. Mientras el se adentraba en la morada buscando la alcoba, donde probablemente se encontraría con el anciano, yo me aposte en un estratégico lugar desde donde podía husmear cuanto había y sucedía alrededor con todo lo que alcanza la mirada humana, así fue como pude ver sembrado por ahí, un amate; un poco mas allá, un ciprés; y mucho mas al fondo, la fila de sauces; ya no se diga del muérdago, la “espada del diablo”, albahaca, ruda, y otras tantas hierbas que en un ambiente neblinoso conspiraban. Don Narciso, un hombre por demás retraído, casi nunca hablaba con nadie. Jamás pude explicarme como una persona así podía tener tanta riqueza: dinero en el banco, ganado, una casa como esa, una finca tan grande y dos hijos, Romilio y Maria de la Soledad, que vivían esperando su muerte para saber que les iba a dejar. -Mas creo que don “Nacho” ya sabia que la gente se hacia muchas preguntas acerca de el, y que además murmuraban demasiado acerca de los orígenes de su riqueza y sus costumbres extravagantes, así que había mandado a grabar en la vieja puerta de una habitación un raro letrero que quien sabe de donde lo había sacado, o como se le había ocurrido, y que a la letra decía: “QUE SEAN ANIQUILADOS QUIENES ATACAN MI NOMBRE, MIS EFIGIES, LAS EFIGIES DE MI DOBLE Y MI FUNDACION...SERAN PRIVADOS DE SU NOMBRE, DE SU DOBLE, DE SU KA, DE SU BA, DE SU KHU...” Me apresuro a comentarles al estar dentro de la casa, acerca del nauseabundo olor que la invadía, como renglones arriba lo hice; y es que esta se encontraba en un descuido total y era de una insufrible tristeza, ropa tirada por doquier sin lavar a lo mejor, un plato con residuos de comida y una taza de café ya frío; zapatos lodosos, una toalla deshilada, una cuma mohosa junto a una montura y alforjas llenas de hormigas (quizás por migas de pan dejadas dentro); en el dintel de la puerta de la alcoba colgando estaba una herradura, ya que el hombre era un tanto supersticioso, mas esta se caía en pedacitos a causa de la herrumbre que la atacaba desde hacia décadas, y al penetrar en el aposento mi amigo encontró al viejo recostado sobre una cama de cordeles, tal y como lo suponíamos; ya las chinches, pulgas y telepates no le hacían cosquillas, estaba tan acostumbrado... Sobre una mesa de tres patas reposaba una rara y esquelética figura que portando en su diestra una antorcha, parecía querer incendiarlo todo. -Imperaba el desorden y el abandono, y yo me preguntaba: ¿Por que? ¿Acaso no vivía una mujer ahí? ¡Ah!, por cierto, era maestra y daba clases en la escuela primaria cercana y siempre cargaba entre sus brazos, como un bebe pegado a su pecho, un libro que significaba todo para ella. Al andar de curioso tratando de observar lo que había mas adentro, jamás me percate que a mis espaldas estaban colgadas unas extrañas pinturas, simbólicas imágenes que reflejaban las inclinaciones del personaje de mi relato que ahora les traslado a ustedes: “Las Parcas”, (Cloto, Laqueris y Átropos) en pleno ejercicio de sus funciones; y a un lado “Perseo: Decapitando a la Medusa”...mas cuando gire la mirada hacia la izquierda otra mucho mas terrible me llamo la atención: “La Diosa Kali, Reina de los Infiernos y la Muerte”, quien como una maravilla funeral con sus brazos abiertos me invitaba a ir hacia ella con una sonrisita satírica; me puse a tantear moviendo el cuerpo en diferentes direcciones y descubrí que eran de esos cuadros que te muevas para donde te muevas siempre te siguen con la mirada... Mi corazón ya estaba intentando salirse de mi pecho por la boca, pero “la manzana” se lo impedía... Y me regañe a mi mismo: ¿Para que vine...? ¿Que estoy haciendo aquí...? ¿Quien me mando a aceptar esta invitación...?. -Y comencé a pensar en como ir escapándome sin mostrar alarma (silbando). Mas, si pareciera que lo antes dicho fue un triste y deprimente espectáculo que por amistad tuve que presenciar, ahora déjenme relatarles lo que sucedía en otras partes de la tétrica morada: Lagartijas y cantiles libraban una lucha feroz cuerpo a cuerpo en la superficie de las paredes de adobe, se disputaban la supremacía del territorio; o bien rodaban en un abismo quizás sin fondo para ellos, desde seis o siete metros de alto. Las termitas consumían con hambre insaciable el interior de la poca madera que aun quedaba buena en una gula sin fin, creando una constante y rarificada llovizna formada por infinidad de granitos de aserrín. Mientras una araña bajaba pendiente de un hilo desde el artesón, verbigracia como aquel rescatista que desciende por medio de una cuerda desde un helicóptero para salvar algo o alguien tirado en el suelo; o aquella otra que se lanza al vacío por alcanzar las vigas que aun mantienen el techo en su lugar, haciendo mil acrobacias sin arnés para tejer sus finísimas redes como en un macabro circo donde la muerte acecha a cada paso....Leña apoltronada en un rincón, quizás traída de la finca; mareantes aromas a pulpa de café .... Pero olvidándome del asunto fije mi atención de repente en una cucaracha que mataba un alacrán con solo ponerle sus alas sobre la espalda, lo cual aseguraba su propia subsistencia por unos cuantos días. Prolongando la mirada, penetre hasta más allá de la pared donde comenzaba el patio.... Una nube de mosquitos viajaba a lomos de un cerdo que muy tranquilamente metía su hocico en un lodazal y en todo lo que podía... Un flaco y pulgoso perro se rascaba desesperadamente y a ratos ladraba lúgubremente a una cherenqueca que parada en una hoja de “pan caliente”, me miraba amenazante inflando su garganta. Mas allá, una famélica yegua dormitaba solitaria bajo un descalabrado techo, mientras, horribles zancudos que más bien parecían pequeñas avionetas, sobrevolando mi cabeza con sus agudos zumbidos amenazaban con hacer estallar mis oídos... Absorto como estaba, en medio de aquel sombrío panorama, algo escuche de una herencia, pues la discusión al interior de la espantosa alcoba se torno tirante y cáustica: acusaciones de un lado, quejas del otro; palabras hirientes de ambas posiciones. Mientras, yo libraba mi propia batalla con mis traumas, miedos y sinrazones... Ni “Mari-Sol” ni “Milo” querían la casa, los dos ansiaban la finca. -Quedarse con la casa significaba hacerse cargo del viejo misántropo y estar viéndole día y noche el serio semblante que parecía una tenebrosa mascara, pues nunca se le vio sonreír; lidiar con los nidos de hormigas y ratas; las culebras, ratoneras o las temibles “zumbadoras” que silentes se deslizaban por entre el matorral; la peligrosa cascabel que enroscada en si misma aguardaba el momento de atacar; las cuevas de escorpiones; las colonias de murciélagos que llenaban de residuos de Capulín toda la casa; el moribundo gato que ya de viejo no salía a cazar dejando las ratas vivir a sus anchas y correr libremente por el techo; o toparse todos los días con la silente mirada sin parpadear del búho; y ni que decir de los fantasmas que habitaban la casa y que se rumoraba se paseaban tranquilos por los pasillos y los cuartos o hasta “leían” tranquilamente dentro de la pequeña biblioteca las terribles y tortuosas historias de Ágata Christie, Jose de Espronceda, Edgar Allan Poe y todos “los poetas malditos”; es mas, para sobrevivir ahí, había que andar tratando de robar los huevos a las iguanas verdes que crecían sin sobresaltos en los árboles ....y eso no lo querían ninguno. Pero “Sol” ya no se encontraba en casa y no existía manera de saber hacia donde se había marchado. -Sin su presencia no se podía llegar a ningún arreglo en cuanto a posesiones. Uno a otro se insistían sobre el paradero de la huidiza joven, a quien alguien vio salir una fría madrugada con destino desconocido (siempre hay alguien que ve), dicen que se sentaba en las esquinas por unos segundos leía en voz baja y luego proseguía caminando, llevaba entre sus manos su adorado libro: “Las Flores del Mal”, de Charles Baudelaire, ella tenia especial predilección por dos poemas del mismo: “Una mártir “ y “Alegoría” los cuales repetía en su lectura una y otra vez obsesionadamente... Al alcanzar la vieja fuente con sus paredes de adobe se sentó muy cerca del “árbol de pan” sin poder alcanzar sus frutos y sin poder beber de las aguas cristalinas que fluían del interior de la tierra... A nadie le dijo nada, solamente espero y espero mas como el primer autobús nunca llego, camino por el callejoncito de la Iglesia que va a dar a la canchita y se detuvo un momento frente al templo, arrodillándose entre las dos columnas curvas que como dos poderosos brazos de hierro y cemento sostenían todo el peso de la estructura... ahí, murmuro una oración que se elevo hasta el cielo. Eran las dos y media de la madrugada en el viejo reloj situado en lo mas alto de la torre del Cabildo Municipal cuando continuo rumbo al sur, se fue en dirección al Cementerio recorriendo la vieja calle que lleva al pueblo mas cercano y jamás volvió, desapareció entre la multitud que para la hora en que llego ya abordaba los autobuses que iban hacia la Capital. Dos preguntas sin respuestas flotaban en el ambiente: 1a. -¿Por que se fue sin decir una palabra? 2a. -¿Como hace la gente para observar tanto detalle...? ¿Fue el terrible bullicio de los niños de la escuela en donde ella trabajaba lo que le provoco esquizofrenia y decidió largarse...? ¿Quizás la atmósfera asfixiante de aquella casa la desespero y quería liberarse...? O era tal vez el triste ladrar del perro y la mirada de un garrobo, que como nadie lo cazaba de grande que estaba ya parecía un lagarto, o incluso, el siniestro cantar de la aurora posada en el ciprés... ¿Fue el silente observar de la lechuza, o el espantapájaros con la cabeza caída, su mirada triste y sus pies y manos de paja...? Pudieron ser también los fantasmas mentales formados en su adolescencia que no la dejaban en paz y tornándose reales atormentaban su alma en su espantosa soledad y sintió el inmenso deseo de huir. ¿Fue acaso la “rabia” de amar y no ser amada... con sus consiguientes convulsiones? Quien sabe si se fue buscando a su amor secreto y allá, en lontananza, le aguardaba su “príncipe azul”... pues todas las jóvenes tienen uno en su mundo de ilusión. O fue el ansia de amar y no ser correspondida la que la obligo a dejar la casa paternal, tirándose al abandono y a lo mejor estaba por ahí, llorando en un rincón, sentada en un andén de una gran ciudad... O mas grave aun: ahora se ríe (con risita nerviosa) hacinada junto a otros de la misma condición en algún horrible hospital, victima de un repentino ataque de locura.... o en fin, se fue huyendo de un Sauce que la perseguía, pues según cuentan antiquísimas leyendas, dicho árbol tiene la capacidad de desenraizarse e irse detrás de todo aquel caminante trasnochador y solitario, y repetir todo aquello que a este se le ocurra ir diciendo... (Recordemos que ella iba leyendo). La verdad es que este muy difícil saber realmente que fue lo que paso y quizás nunca lo sabremos, pues aparte de los fugaces encuentros cuando iba para la escuela, yo jamás la volví a ver. Yo estaba profundamente entretenido con toda una procesión de pensamientos cuando el estruendo de un espantoso rayo me hizo volver en mi mismo, afuera la tempestad se había desatado con furia inaudita amenazando con destruirlo todo. Los relámpagos iluminaban por doquier en fracciones de segundos... el huracán soplaba horrible y yo me encontraba atrapado... Los grandes árboles se abrazaban unos a otros con sus ramas para evitar ser arrancados de cuajo... La yegua ni se movió, el pulgoso perro dando tres vueltas se echo, el búho ni parpadeo, los animales rastreros buscaron velozmente donde cubrirse, mientras yo bajaba todos los Santos y las once mil Vírgenes para que la lluvia cesara y poderme ir a casa. El inmenso techo crujía bajo el torrencial aguacero y los truenos estallaban uno tras otro como protestando... La guerra civil estaba en su apogeo y el ambiente peligroso, era mejor que me fuera a casa, ahí me sentiría un tanto mas seguro... Miles de pensamientos pasaron por mi mente al darme cuenta en donde estaba metido pero mantuve la fe que saldría bien de esta y sin recibir daño alguno. Al cabo de unos 25 minutos mis ruegos fueron escuchados y la tormenta comenzó a decaer, momento que aproveche para retirarme poco a poco del interior de la casa buscando la salida, dejando allá dentro al amigo que les mencione. -Todavía con temor abrí la puerta y me di cuenta que la oscuridad se había apoderado de la calle (bueno, en este rincón de la ciudad la oscuridad reinaba siempre, ya que su foco del alumbrado publico permanecía todo el tiempo quemado y nunca lo cambiaban); así que, camine unos metros hacia el poniente tratando de no deslizarme en la acera mojada rumbo a mi casa cuando... Ay Dios...!!! Me tope con aquello que nunca espere, era en verdad algo terrible para mi, aun lloviznaba cuando a la luz de un relámpago mis ojos me revelaron lo espantoso: El Callejón de la Muerte...! El autentico y tenebroso callejón que jamás en mi vida hubiera deseado ver...! El horripilante sendero, terrible cual ninguno se abría delante de mi como queriéndome devorar...! Durante mucho tiempo yo creí que le llamaban callejón a la calle empedrada, pero ahora salía de mi error! Cuan grande era mi equivocación! Este otro era el verdadero..., era este el que había sido bautizado por la “vox populi” con el nombre de “El Callejón de la Muerte”... Comencé a sentir frío y no era por la lluvia, pensé que me iba a enfermar...! Al fondo del mismo se escuchaban unas confusas voces, por un momento creí oír un disparo a lo lejos... (¿O fue cerca No lo se?), la tormenta seguía retumbando cerca de mi (y a lo lejos también), rugía como un león enfurecido, o como si en el cielo se librara una gran batalla... Los rayos refulgían por acá, por allá y acula y al caer parecían tamborazos macabros que estremecían toda la ciudad. Estoy realmente asustado, pero me rehago en mi mismo y me armo de valor, doy unos pasos y luego... Una, dos, tres, cuatro, cinco sombras dentro del callejón.... Unos ojos piadosos que se abren para ver y otros que se cierran...!!! -Debo estar delirando... -me dije a mi mismo... -Realmente no hay nadie ahí dentro, estoy viendo visiones! Tengo el corazón convulsionado: escucho risas de satisfacción..., y mas allá, desesperación...; chirridos como cuando un viejo portón se cierra, un escándalo como cuando un poco de trastos se caen al suelo con estrépito, terribles pasos, alguien que huye y se esconde, terror de terrores.... a lo lejos se percibe un ruido como si una persona arrastrara una gran cadena, llanto de niños, gritos furiosos, etc. Tal como me lo imaginara en mis ataques de miedo, ahora enfrentaba la realidad: era pavoroso... Este tenebroso callejón era para mi la entrada al mismo infierno... de eso estaba totalmente seguro! Por un momento sentí que como al dios Mercurio me nacieron alas en los talones, y enmudecido corrí sin parar tan siquiera un momento hasta que alcance a ver la puerta de mi casa, a la cual entre disimulando lo que me había pasado. Oscuro, desgraciado e infame callejón de traiciones: cuanto susto y dolor me provocaste...!!!! Días después hube de alejarme de la ciudad quizás para siempre, y me refugie en tierras lejanas donde me quede a vivir desde entonces... ******************************************************************************************************************* Treinta años pasaron desde la noche de aquel suceso que jamás olvidare, sin embargo regrese de pasadita a ver el viejo callejón motivado por un evento doloroso; un antiguo pasadizo que muy escasas personas usaban (por el miedo ancestral) y que conectaba el Mercado Municipal con este para acortar camino hacia la “Tienda y Farmacia” había sido ya cerrado, el antiguo caserón del que les hable también lo encontré un tanto modificado, con una bella construcción moderna; de su dueños originales no supe que fin tuvieron (quizás murieron y quedaron sus descendientes a quienes habrá que contarles la historia) y al final del otrora temido “Callejón de la Muerte” ahora encontraba funcionando una bellísima Escuela Parvulario Nacional... Un alegre y bullicioso jardín infantil: cuna de la educación de las futuras generaciones en el pueblo mío... J. Víctor González. |
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