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Soyapango, El Salvador, 9 de Junio del 2008 LA CORTA DE ALGODÓN Corren los años 70´s, es principios de noviembre y cual cabezas blancas un inmenso mar de bellotas reventadas se observa a lo largo del litoral Usuluteco, la hacienda "La Carrera", del extinto Don Juan Ray, es el referente. Kilómetros y kilómetros de algodoneras en su máximo esplendor. Santa Elena no se queda atrás, pequeños agricultores de los alrededores también se dedican al cultivo. En lo que hoy es la colonia San Emilio, se cultivaba esta hermosa planta, que para los años 70´s ocupaba el segundo lugar de los productos agrícolas de exportación del país. Los terrenos conocidos como "Los Infantozzi", en el Cantón "El Tihuilote" también lucían pletóricos de bellotas blancas. Dichas tierras lindaban con otra gran Hacienda de la época conocida como "La Constancia", cercana al desvío de Santa Elena, donde decenas de trabajadores se apuntaban para la corta. Nada que ver con las urbanizaciones de hoy en día. Tendría unos 10 años cuando nuestro padre nos dijo a mi hermano Evert y a mi, que el día Lunes iríamos a cortar algodón al terreno de nuestro tío paterno "Martín López". Durante el día domingo por la tarde nos preparó unas bolsas de manta donde venían los quintales de azúcar, con el propósito de que se nos facilitara la corta; ya que éramos pequeños en comparación de los sacos de "yute", que daban para el vaciado del producto. El quintal de algodón cortado se pagaba a 2.00 colones o sea $ 0.23 centavos de dólar., significativa cantidad para esa época. Muy entusiasmados porque ganaríamos algún dinero para la compra de nuestros estrenos de Diciembre, nos acostamos temprano. Nuestra madre nos levantó a las 5 de la mañana, después de servirnos el desayuno partimos presurosos al corte en el terreno ubicado en las conocidas "quebraditas". Un sombrero de palma, una “matata” con comida, una "pichinga" plástica con agua y camisa de manta era nuestro equipo. Los curtidos cortadores como "Hermogenes Guerrero, mi primo Mauricio López y su tío Tito Guerrero, nos observaban y comentaban sigilosos, que no sabíamos lo que nos esperaba. A las 7 de la mañana, el tío Martín, nos estaba "ensurcando", dándonos una "brecha" (conjunto de surcos), que debíamos de cortar. Nuestro padre nos dio las instrucciones, sobre lo que debíamos hacer y junto a nosotros comenzó la colecta. A eso de las 9 de la mañana; cuando el sol ya estaba alto, se marchó dejándonos la dura faena. El calor era insoportable, no teníamos ningún refugio donde protegernos del inclemente sol; nuestros brazos y ropa poco a poco se fueron impregnando de una especie de costra negra, producto de la miel de la bellota, dejada en las hojas por la famosa mosca blanca. A eso de las 12:00 meridiano nuestros cuerpos ya no querían más; pero motivados por el entusiasmo de los expertos cortadores que nos incitaban a seguir adelante continuamos la tarea. Un pequeño lapso al mediodía (12:30 p.m.), sirvió para refrescarnos un poco y servirnos nuestro suculento almuerzo "una porción de frijoles fritos con chorizo y huevos" y de postre un guineo de 0.05 centavos de colon y una "pichingada de agua", que con el calor del mediodía, parecía un café caliente. Cerca de las 3 de la tarde, era la hora de pesar el algodón, todos sudorosos con mi hermano Evert, sacamos un saco que para nosotros parecía lleno y pesaría un quintal. Sorpresa mayúscula, nuestro padre llegó y dijo era necesario "socar" el algodón (compactarlo en el saco). Al momento de la pesa en una mohosa "Romana", (medida de peso, usada para pesar el algodón), nuestro saco alcanzó la enorme suma de 30 libras; es decir habíamos ganado la cuantiosa suma de 0.60 centavos de colon, durante el día. Recuerdo que terminé con un tremendo mal de orín y completamente deshidratado, para esta época no existían los famosos "gatorade" y tuve que hidratarme a pura limonada que preparó nuestra mamá. A fuerza de coraje logramos terminar la semana, no ganamos más de 6.00 colones, equivalente a $ 0.68 centavos de dólar. Poco a poco adquirí la destreza necesaria para recolectar la bellota, en un par de semanas me volví quintalero (así se le llamaba a las personas que colectaban un quintal o más de algodón, durante la corta del día, o sea 100 libras ). Recuerdo con mucha alegría la última pesa individual de 135 libras , estaba listo para ir a codearme con los grandes en las ligas mayores; es decir podía pedir trabajo en haciendas como "La Constancia o la Carrera", lo intenté en la primera pero debido a mi corta edad, no fui empleado y regresé triste a mi casa con mi "bastimento" (porción de comida preparada para un desayuno o almuerzo). Seguían corriendo los años 70´s y El Salvador pujaba por ser el motor agrícola que movía Centroamérica. El litoral usuluteco por las tardes lucía con rastras y tractores con sacos blancos de algodón rumbo a la llamada "cooperativa", donde se procesaba el producto. Hoy día sólo queda el recuerdo de los blancos algodonales y algunas galeras que otrora guardaban el producto blanco en la "Hacienda La Carrera". Erick López |
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