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Santa Elena, 9 de Marzo del 2008

Las Cortadoras

“Ya coloradió, ya se maduró todo el cafetal.
Y las cortadoras vienen muy alegres
con sus canastitos a cortar café.

Miren que belleza, miren que hermosura,
miren que riqueza, cuanta algarabía,
Jesús que alegría en el cafetal.”

Primeras dos estrofas de La Canción Las Cortadoras del
Maestro Pancho Lara

Son las 3 de la mañana mamá toca el “CANCEL” que divide nuestras camas, nos invita amablemente a levantarnos, hijos “apúrense a levantarse la niña Esperanza y Mariano ya van a pasar por ustedes”, ese era el despertador de los Tabu-2 que nos alistábamos para ir a la corta de café, a finales de los años 70, en las fincas del cerro El Tigre. Era la fuente de trabajo de los habitantes de nuestra ciudad. Esperanza y Mariano Chicas nuestros vecinos eran dos cortadores de café curtidos de surcar todas las fincas del cerro El Tigre.

En aquella época los adolescentes no teníamos derecho a ser “apuntados” en la planilla oficial de la finca, por lo que éramos tomados como “ayuda”, esto significada que deberíamos de llevar nuestros propios apuntes, saber sumar y multiplicar para sacar nuestro propio computo de lo ganado en la semana, la arroba de café (no es @, sino 25 libras ) era pagada como a 2 colones ($ 0.24), el peso de nuestra corta era sumado al de la persona que si estaba apuntado en la planilla de la finca el recibía el pago y nos daba nuestra parte; bueno volvamos a la narración, luego de la levantada nos dábamos un baño, a “guacal limpio”, no teníamos ducha sino que el agua se captaba en un barril y luego con un recipiente que le llamamos “guacal” lo usábamos para bañarnos, después una taza de café y a caminar hacia la montaña, la hora de salida religiosamente era a las 4:00 de la mañana, Mariano y Esperanza, pasaban por nosotros (mi hermano Erick y yo), todos llevamos listo el “bastimento” (comida para el desayuno y almuerzo), una “pichinga” con agua, canasto, los sacos para meter el café, corvo bien afiliado; después de juntar nuestra caravana que era comandada por Mariano y Esperanza partíamos, esta vez la meta era La Finca Santa Rosa del Dr. Castro, los mayores siempre llevaban consigo una lámpara de 3 baterías marca Rayo-Vac para ir alumbrando el camino, y sus respectivos “puros” o cigarros, todos fumaban desde muy temprano.

La platica de la madrugada era que el corte de café estaría bueno ese día pues nos tocaba ir a la finca “La Argentina”, casi sin darnos cuenta llegamos a la primera cuesta, “La Ceiba del Niño”, todos los “CIPOTES”, corremos cerca de los adultos, por el temor a oír el llanto del niño que supuestamente lloraba en las raíces del árbol, pasamos y nada, el paso hay que apurarlo la meta es llegar antes de que el sol salga, subimos la segunda cuesta, la platica de los adultos se centra en hablar sobre los muertos de la zona, y nosotros los “CIPOTES” tratando de ir cerca de “LAS BICHAS”, nos conformábamos con rozar su mano, en fin llega otra cuesta, un poco mas prolongada que la anterior pero fácil de superar, tal cual atletas olímpicos y minutos mas tarde la cuarta cuesta menos prolongada que todas las anteriores y la primer finca aparece, es la orilla de la finca San Andrés, de Don Carlos Mario Lozano, Mariano dice que ahí la corta es buena, sobre todo cuando se pasa a la finca San Carlos, cerca de la Maravillita, mas adelante “Los Tres Postes”, nombre dado a una bifurcación donde estaban sembrados 3 postes nadie sabe con que propósito, pero hasta hoy mantiene el nombre, los tres postes nunca llegaron a ser ni mata, menos bejuco, sin embargo el nombre ha sido inmortalizado.

De pronto Mariano grita “hey bichos” esta finca se llama “El Despijo”, justo antes de llegar al casco de la hacienda Santa Rosa, cuando preguntamos el porque del nombre nos hace saber que es debido a que nunca da buen café, el propietario es don Carlos Amaya tabudo, solo se ven grandes árboles de Laurel listos para la acerradera, luego pasamos por el casco de la hacienda Santa Rosa, nuestro destino de este día es “La Argentina”.

Cada vez que avanzamos las cuestas o pendientes se hacen mas largas, nadie siente el frío de la mañana ni el fino polvo del verano, después de casi dos horas de camino montaña arriba llegamos a la hacienda de la finca, todos a descansar, en minutos los mas adultos recogen madera seca, sacan los fósforos e inician una fogata, todos alrededor comienzan a tostar las tortillas, Esperanza dice “Los hombres pueden tostar las tortillas en las llamas porque no se les van ahumar” y justo tal como si fuesen pinchos cada uno calienta las tortillas y nos disponemos a desayunar, cada cual sentado en el suelo o donde mejor le parezca. El desayuno termino, es hora de ir a buscar “el corte”, los hombre gritan con todas sus fuerzas “donde esta el corte”, “el caporal” que es una especie de jefe en la finca, grita “Aquí”, para indicar donde se debe de comenzar a cortar, cada “apuntado” pide el numero de surcos, que son filas de palos de café que no poseen una distancia estándar, todo depende del tamaño de la finca.

Es hora de ir, manos a la obra, todos alistan su canasto, dos “cinchas” que cruzan de forma perpendicular la espalda en forma de cruz afianzan el canasto a la cintura y cada uno de nosotros comienza de forma separada su labor, este día unos vecinos de trabajo han llevado un radio justo sintoniza los 1400 kilohertz, frecuencia en AM, el FM estaba lejos de aparecer en nuestra zona, el locutor anuncia “esta es YSJI transmitiendo desde Usulutan con un saludo a los alegres cortadores de café hasta las fincas de Santa Elena”, y Vicente Fernández suena a todo dar, no distinguimos quien canta si Vicente o nuestro vecino, pues tiene una garganta que no deja oír la radio.

La corta esta buena el café rojo asoma en cada rama, los caporales revisan que no dejemos café en los palos y que no quebremos las ramas, para alcanzar las ramas mas altas nos valemos de un “gancho” es una especie de palo como de un metro o mas con un gancho que sirve para hacer llegar la rama hasta nuestro canasto y a cortar el café, cada vez que el canasto se llena ponemos el café en los sacos, a medida que avanzamos se va alejando de nuestras pertenencias: café cortado, agua, corvo y el almuerzo; no sentimos el tiempo, llego la hora de almorzar y no hay forma de calentar la comida que en forma general es a base de frijoles, arroz, queso, huevos, sardina, rábanos, aguacate y “un puño” de sal, todos los menú son casi iguales entre los cortadores.

A la hora del almuerzo nos agrupamos, algunos compartimos nuestra comida con los demás, de tal forma de variar el menú, un par de historias contadas por Mariano, aprovechamos la hora del almuerzo también para amarrar los sacos llenos y con las hojas del café le ponemos las iniciales a los sacos llenos para no perder nuestro trabajo.

Los surcos de café son largos, terrenos escabrosos, muchas veces con peligro de rodar o que una piedra se deslice y nos pase llevando.

Volvemos al corte, la tarde será corta pues los caporales nos indican que suspenderemos a las 3 de la tarde la corta porque "la pesa" será en la Hacienda de la finca, lo que significa llevar lo cortado en nuestra espalda por un espacio de cómo un kilómetro, así que como la corta fue buena, después viene lo triste de llevar en la espalda lo bueno que estuvo el día. Justo comenzamos a salir como sompopos cargados con los sacos a pura espalda, paso a paso, hasta, dos viajes cada uno nos deja con los pies temblorosos, para los mejores cortadores fue de 3 o 4 viajes, pero ya en la pesa todos felices, recuerdo ese día hice 6 arrobas (175 Libras) justo gane 6 colones $ 0.69 gran plata para esa época.

Y ahora que terminamos todo, rumbo a casa de nuevo, a surcar las polvosas calles hasta nuestras casas, cuando llegamos al pueblo los amarillos focos de la entrada ya están encendidos, al llegar a casa la pregunta obligada de mamá, ¿cuanto hicieron?, y cada uno da testimonio de lo que logramos.

La cena se alista, luego a dormir, mañana de nuevo nuestras madres nos despertaran y el día se volverá a repetir tal como hoy.

Este articulo se lo dedico con especial cariño a Mariano y Esperanza Chicas Flores, vecinos de toda la vida en Santa Elena, quienes dentro de su pobreza nos tendieron la mano para apoyarnos en la corta de café, lo que en vida nos sirvió para forjar nuestro carácter, Mariano partió al cielo hace mas de un año, recuerdo que maneje desde San Salvador hasta Santa Elena para estar presente en su funeral.

Evert López

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