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Los Angeles, California, 17 de Marzo del 2008

Ofrecemos a ustedes otra participacion de un Elenico se trata de Omar, quien hace remembranza de su época que vivió felizmente en Santa Elena, muchas de las cosa que el escribe nos ayudaran a volver a vivir muchos años atrás, época dorada, época de vivencias infantiles y juveniles, disfruten y animate tu también a escribir, acá hay espacios para todos.

TIENDA   "LAS PALMERAS"

Aun cuando muchos maestros llegados a nuestra tierra, mostraron un extraordinario amor por todo aquello que formaba parte de la vida que desarrollamos a través de los años, tal como el Profesor Enoc Turcios, con quien trabajamos duro en la construcción de la cancha de básquetbol de la Escuela,” Roberto Edmundo Canessa”, quizás ninguno calo tanto en el sentir de la gente como Don Fidel Ayala.

Todavía no comenzaba mi primer grado cuando el ya llevaba algunos años jubilado. Para disfrutar de su apacible retiro, decidió invertir un poco de dinero abriendo una tienda  en la casa que habitaba, ubicada exactamente al costado nor-poniente del parque central; de esa forma, podría obtener algunos ingresos extras para complementar su condición de pensionado del gobierno.

Era normal encontrar a Don Fidel por las tardes conversando seriamente con Don Silvestre, quien vivía a unos 50 metros al norte de la tienda, sobre distintos temas que generalmente iban dar al asunto del método a utilizar para educar los hijos y el respeto  que se debía tener hacia las personas de mayor edad.

Era imperante en esa época que si uno encontraba un anciano debía saludarlo con mucha cortesía según la hora del día. Ellos decían, por ejemplo, que mi hermano mayor era muy educado, pues siempre que los encontraba les decía según la ocasión: Buenos días Don Fidel o Buenas tardes Don Silvestre...

En la tienda "Las Palmeras", solían encontrarse artículos para diferentes necesidades, pues a fuerza de vender, mas parecía una mezcla de tienda, venta de mercería, mini farmacia y mini almacén.

Al par de los consabidos frijoles monos, negros, rojos o blancos, trigo y el maicillo, también se podía comprar maíz negrito, chocolate en polvo "La Reina", café de palo y su pedazo de dulce de panela... o el azúcar morena para endulzarlo.

Igualmente la reconocida manteca de chancho, el almidón, el jabón de semilla de aceituna y el famoso jabón de cuche... con el cual acostumbraban muchos irse a bañar al río, la candela se sebo de res, el gas Kerosén para el candil, cerillos caballo rojo, y los cigarrillos pradito.

Después que Don Fernando se había convertido en el terror de todos los infantes del pueblo con sus dolorosas inyecciones, era mejor averiguar si en "Las Palmeras" había belladona para el tope, esencia coronada para la “soplazon” o la imprescindible esencia de los siete espíritus para alguno que otro desmayado.

Si te hacia falta un botón en la camisa, sencillamente ibas a la tienda de Don Fidel y  ahí encontrabas hilo, sedalina, agujas y botones de todos los tamaños, alfileres, remaches y broches para la parte de atrás de los vestidos de las mujeres, o hule negro para sus calzones, ya que el elástico no estaba de moda; hule amarillo para hondillas, botones para pantalón de hombre, pues no se usaba el zipper; cintas, pasta y cepillo para zapatos. Bolitas de Naftalina para las polillas, y el siempre útil y poderoso desinfectante de la  época: La  creolina.

Como todo hombre de negocios, incluyeron sus ofertas de productos algunas telas, como el “Dacron y McArtur”, tela de manta (para las bolsas de los pantalones de hombres) y aquella, ahora pasada de moda, tela de mantilla que usaban las Señoras para taparse la cabeza cuando iban a misa....Te daba hambre...? Pues por que no disfrutar de una sabrosa guaracha, o aquella otra conocida con el clásico nombre de “peperecha”; o un buen pedazo de budín....Eras todo un apuesto jovencito adolescente...? Entonces había que comprar liquido para el cabello, y así, este luciría como que te habías recién bañado....Eras una bella damita y deseabas irte al "cumbion"...? Ah, en ese caso, era necesario pasar por donde Don Fidel, comprando dos que tres sobrecitos de polvo "cuatro rosas", para perfumarte las axilas....no fuera que sudaras bailando....!!!

Como reza el dicho popular, en esa tienda había casi de todo “como en botica”. Peines, diademas, peinetas de carey, y peine fino para liendres y piojos...Y como todo buen maestro, no podían faltar el siempre útil Silabario y el libro Mantilla, para aprender a leer, cartulina y plastilina, cuadernos "El Siglo", lápices y borradores, etc, etc.

Como quiera que  desarrolle mi niñez en los alrededores de la antigua escuela de varones, con su viejo portón de madera y sus altos trascorrales de adobe, a la cual asistí en habiendo llegado a los siete años, pude ser testigo directo de muchas situaciones que sucedían muy cerca de la misma. Dicha escuela estaba entonces regenteada por dos insignes Maestros de la localidad: Don Jorge Vargas (Director) y Don Eufrasio Méndez (sub.-Director), quien con el tiempo fue mi maestro de sexto grado.

Cuando alguien llegaba a comprar hule amarillo, el preguntaba: ---Aja, cuantas varas vas llevar...?  ---Déme cuatro Don Fidel. ... y estiraba el hule a lo largo del brazo al tiempo que decía ---Son diez centavos.- Cuando el cipote pretendía hacer su hondilla se daba cuenta perfecta que el hule no le alcanzaba....Así, era el maestro, el comerciante, el anunciador.

Tenia Don Fidel instalado en lo mas alto de su casa un altoparlante con el cual de cuando en cuando anunciaba sus productos y uno que otro fallecimiento acaecido en el pueblo, con el cual hacia la competencia al Padre Rodas... En una que otra ocasión nos deleitaba poniendo música de moda por aquellos años.-Así, era normal que algunas noches nos acostáramos con una buena serenata, emanada de aquella vieja radiola con su tocadiscos long-play, ya que por esos días el audio casete y el CD eran asunto de ciencia ficción; ahí, canciones como : "Amor de pobre", "He perdido una perla","Los aretes de la Luna", "Celoso"; y ahí fue donde por primera vez escuche esa canción titulada "El sube y baja"(esa que dice :"A donde Irán los muertos quien sabe donde Irán").-O bien despertarnos con aquel porro titulado: "Te bañas Padrito lindo...!!!"

Eran contadas las casas del pueblo que gozaban del privilegio de tener Radiola y televisor de tubos...y esta era una de ellas.

Por la bocina se escuchaba el anuncio de las pastillas “cataratas”, chispa del  Diablo, y  hasta ese mortífero veneno que llevaba el nombre de paration.... (productos estos destinados a fines específicos pero que lamentablemente algunas personas les daban otros usos...)

No falto el desdichado que por alguna desesperación económica o una decepción sentimental usara  dichos venenos como pasaporte al otro mundo....

En cierta ocasión, un amiguito, por cierto muy pícaro me hizo una inesperada invitación: --Vamos a la tienda.-me dijo- quiero ver si me "bajo" a Don Fidel.- Y yo, en mi inocencia decidí acompañarlo, poniéndonos en marcha hacia el lugar que esta ocupaba; durante el trayecto íbamos pensando como decirle lo que se le acababa de ocurrir al malandrín aquel... el camino se nos hizo corto, pues nosotros vivíamos frente al portón de la escuela, y cuando acorde ya estábamos en las gradas de la tienda, ahí encontramos a Don Fidel  absorto en una conversación que le estaba desarrollando Don Cesar acerca de una aventura tenida hacia tres noches en los alrededores de la piedra encadenada, cuando tratando de apoderarse de la flor que nace al rededor de la misma y que según el ,sirve para hacerse invisible y pasar a otra dimensión, se había encontrado con el cadejo y de la forma que supo enfrentar la espeluznante situación.

Imaginando a Don Cesar con una flor en la mano lanzándose al vacío desde lo mas alto de la piedra y llegando en un instante a su casa del barrio calvario, mí mente infantil agarro vuelo y me acomode para seguir escuchando las increíbles narraciones de aquel singular señor de nuestro pueblo, pero me acorde que mas noche iba a estar soñando, preferí tratar de llamar la atención del tendero carraspeando la garganta....además, nosotros sentíamos otro tipo de vacío en el estomago y recordamos el motivo por el cual estábamos ahí.

El maestro nos lanzo una mirada de regaño, y  decidimos esperar paciénteme el momento que se nos presentara para hacer la petición.

Ellos parecían no tener ganas de terminar la platica, pero por fin Don Fidel nos pregunto: --Que van a llevar cipotes..? El amiguito respondió: ---Que dice mi mama que me de una bolsita sorpresa y una espumilla, pues mi papa ya esta trabajando en la chapoda en el “huatal” de donde Segovia, y le están pagando 50 centavos por tarea y que el sábado, segurito le manda su pisto.

El se paro y se llevo al interior de la tienda y le dijo, a la vez que señalaba un cartel colgado en la pared: ---Sabes leer “cipotio”...? ---No . respondió. Yo me retire apresurado del lugar y al momento de alejarme volvía a verlo afligido de vez en cuando. No se si fue que no le creyó o  no le quiso fiar lo que le pedía, y se fue para otra tienda con la esperanza que allá no tuvieran colgado ningún cartel.

Así se pasaba los días inventando cuentos y siempre se topaba con el desdichado cartel que por no saber leer todavía,  se había vuelto un verdadero enigma para nosotros.

Yo en lo particular, me hice el propósito de aprender a leer un día y así poder descifrar el misterioso letrero que el profesor nos mostrara cada vez que llegábamos con cierto grado de "mala intención"...

Cumplidos los siete años de edad, fui recibido como alumno del primer grado en la Escuela de Varones "14 de Diciembre de 1948", bajo la tutela de la Profesora Berta Amaya, hija de Don Carlos, quien con mucho esmero y dedicación me enseñara a leer y escribir....

Ah, que recuerdos más bonitos tengo de mis inocentes días de escolar....cuando corría  muy alegre y descalzo por el empedrado patio de "La Catorce"...todo era maravilloso...un verdadero juego de niños... Así pase a segundo y a tercero, donde Amparo de la O y Vilma de Rivera  con muchísimo amor reafirmaron en mi el anhelo de aprender...

Prácticamente ya estaba listo para solucionar el misterio del letrero aquel...

Un sábado por la mañana me envalentone y esta vez fui yo quien invito al amiguito de marras, le dije que tenia  el objetivo de leer de corrido el desdichado cartel..

Fue entonces cuando hice el terrible descubrimiento de la infame frase con la que se topan innumerables pobres en el mundo: HOY NO SE FIA, MAÑANA SI....

Omar Gabrieli
omarelcantor@yahoo.com

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