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San Miguel, El Salvador, 13 de Junio del 2011 Los Vikings, y tambien Los Guaraguao Qué tiempos aquellos, cuando los artistas actuaban por amor al arte, con conciencia de su rol, con mentalidad positiva. Genuinos maestros en el oficio. Músicos, cantantes, ilusionistas, y comediantes cuyas actuaciones perseguían el objetivo de divertir a los espectadores mediante humor inofensivo, sin chabacanadas, similar al que, en México, desarrollara don Roberto Gómez Bolaños (El Chavo del Ocho y otros personajes), y que tanto gustaba a nuestros niños y también a los mayores. Tuve la suerte de presenciar, eventualmente, algunos de aquellos espectáculos, y vaya que aún hoy, cuando el tiempo se ha añejado en mi precaria memoria, los disfruto, los vuelvo a vivir y una sonrisa tímida asoma a mi semblante agobiado por la carga de lo cotidiano… <De poeta y de loco solamente algunos tenemos un poco > . Así leí en un libro cubano que cita a Mirta Yáñez. Por eso yo quiero destacar la visita de varios artistas en más de alguna oportunidad, trayendo a la tierra elénica sus fardos de bromas y locuras, sus alforjas repletas de canciones y chascarrillos, generando así la alegría, el deleite. Es cierto, en 1978 ?el recién pasado año había egresado yo de bachillerato?, visitaba una oficina de gobierno en San Salvador. Un joven empleado se acercó, habiéndose dado cuenta de mi procedencia, y me preguntó si yo era de Santa Elena, en Usulután. Dije que sí. Y él diciendo: “La tierra donde manejan muy bien el balón… y el machete.” Le expliqué que lo del machete fue en momentos de antaño, que ya no era. Indagó acerca de Sergio Méndez que falleciera en 1976 y de J.J. Polío, que aún vive. Luego preguntó si conocía a José de La Paz Guevara. Otra vez dije que sí. Me expresó entonces con orgullo que él era hijo de don José. Que don José ahora trabajaba en el ISTA (Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria), que había dejado la actividad artística, que ya no salía en la radio. La conversación fue cordial y se extendió un buen rato… Hablemos un poquito de aquellos artistas, de entre ellos a los que imbatibles nubarrones del pensamiento no han logrado esconder, y de los que todavía perduran algunas referencias. Timoteo y sus compadres Ya mi hermano José Víctor hizo un elocuente artículo acerca de “El primer locutor tabudo”, José de La Paz Guevara, quien actuaba con don Mauricio Bojórquez; personificaban a un par de compadres inseparables: Timoteo y Cupertino, uno valiente con sus zapatos Vulcanizados o sus botas Siete Leguas, y el otro cobarde e ingenuo. Me limitaré pues a agregar, que ambos artistas estuvieron en Santa Elena, justamente donde hoy funciona el Centro Escolar “Reyes Zelaya”. Allí expresó don José que él era originario de esta tierra, dando detalles de su parentela y la zona del pueblo de donde salió para convertirse en el comediante que era. En uno de mis cuentos hago una fugaz mención de estos personajes, así mismo de “Doña Terésfora” (María Teresa Moreira), esposa en la vida real del señor Bojórquez, y con el que representaban a otra pareja inolvidable por su genialidad: Pánfilo Apurascachas y doña Terésfora. Leamos un breve fragmento de mi cuento “Carago”: < … de todas maneras a la tierra que fuereis haz lo que viereis, dijo un locutor, que no sabía si esa frase era del compadre Timoteo o de su chero Cupertino, de doña Terésfora (de grata recordación) o de Pánfilo (que era el mismo Cupertino), por último el mentado locutor dejó flotando en el ambiente la suposición que el dicho fue dicho por la reina de la belleza en el reciente concurso que ganó la representante de La Unión, el departamento que fue considerado por los mismos nativos de allá como la cola de la vaca, en el caso hipotético de que el país fuese una vaca lechera.> Las hermanitas García Eran excelentes cantantes de música ranchera. Originarias del oriente cuscatleco, acompañaban a “La Caravana de la Alegría”, que hacía giras artísticas por lo largo y ancho del país. Hicieron una adaptación de una canción azteca, que grabaron con el nombre de El Corrido de Benjamín Argumedo. Más o menos iniciaba así: “Para empezar a cantar, Para empezar a cantar Pido permiso primero: Estas son las mañanitas, Estas son las mañanitas De Benjamín Argumedo…” La canción narraba la historia de un valiente prisionero que, por cordillera, lo anduvieron por distintas ciudades de El Salvador: San Miguel, Sonsonate… y finalmente fue fusilado “…en el panteón de Ilopango.” En aquellos días nosotros nacíamos influidos por la música vernácula mexicana y nos identificábamos al oírla, por lo que consideramos un suceso trascendente la visita que hicieron a Santa Elena las admiradas cantoras, junto a la caravana mencionada que incluía magos, humoristas, músicos… Aniceto Porsisoca Carlos Álvarez Pineda era su nombre. Su profesión: Profesor de Educación Básica. Con su personaje Aniceto Porsisoca hacía humor blanco y además crítica sana. Popularizó la frase al hablar por teléfono: “ Aló, ¿quién está en la otra punta?” Entre sus compañeros de comedia destacan Paco Medina Funes y el Chele Ávila. Mi madre me contaba que la primera vez cuando llegó Aniceto a Santa Elena, se dio una fatalidad: una señora cuyo nombre no he de decir, por respeto a su memoria y porque apenas lo recuerdo y podría equivocarme, quería ir a la velada artística, pero su chofer manejaba muy despacio en camino de San Salvador a Santa Elena, y se hacía tarde. La señora ordenó al muchacho que acelerara para llegar a tiempo, mas nunca llegó viva. El vehículo se estrelló o volcó en la carretera y Aniceto actuó sin conocer la tragedia. En el cuento “Con Duarte aunque no me harte” yo hago alusión a Aniceto y al Chele Ávila. Leamos partes de este relato: < Cuando bajó de la tarima, la multitud se abalanzó sobre él para saludarlo. Fue cuando yo recordé al Chele Ávila. El Chele Ávila fue por mucho tiempo el compañero de Aniceto Porsisoca, en la televisión y en programas radiales. Programas de humor que me gustaban mucho, por la calidad interpretativa de los comediantes. Aunque en aquella época no habría sabido explicar el porqué. (…) Lo que sucede es que el Chele Ávila era como la voz gemela de Duarte. En el 72 le contrataron para que, en la radio, le imitara. “Si miento”, decía el Chele emulando al candidato opositor, “Si miento, que se derrumbe esta tarima”. De inmediato se escuchaba el efecto radiofónico de un derrumbe de tarima, y los quejidos de Duarte, personificado por el Chele. Aquello era una genialidad. No había discusión: Duarte mentía…> Cañonazo o Jerónimo El Salvaje Artista circense. Payaso, cantante y tal vez luchador profesional. Era la época de cuando los circos llegaban, se mantenían una temporada, se iban y luego volvían. Se instalaban junto a la ceiba del parque, al costado sur del templo parroquial. Frente a la Alcaldía Municipal. Aún no era ahí la cancha de basquetbol techada que ahora es. En aquellos entonces, para no pagar el boleto de entrada puesto que tenía sempiternas dificultades en la bolsa, no sin temor me escabullía, evadiendo la constante vigilancia de la gente del circo, bajo las lonas que cubrían alrededor las instalaciones. Una noche que se anunciaba una función de lujo, habiendo superado el escollo antes referido, me topé con un zafarrancho al interior. El siguiente es un fragmento de mi cuento “¡Llegó el circo!” en el que relato lo acontecido: < Sucedió esa vez que en las gradas del circo unos tipos estaban dándose puñetazos. El desparpajo crecía pues a cada golpe se incorporaban otros pleiteros. Llovían puñetazos y puntapiés y, he aquí lo inquietante: uno de los protagonistas era el que obtenía la peor parte. Era uno contra todos. Las graderías de madera temblaban por el caos. Caían los pugilistas, se levantaban. Y la marimba de Jerónimo en el otro extremo, al frente de la pista, amenizando. Entonaban La Bala con mucha algarabía: …Ahí están peleando, ahí están peleando, no se peguen mucho, no se peguen mucho…
(…) El payaso Jerónimo luciendo su voz de cantante también bailaba, haciendo pasos de un payaso que no puede con sus zapatotes y con una sonrisa contagiosa e incurable. …Ahí están peleando, ahí están peleando, ¡que siga la fiestaaaaa…! De repente los músicos cayeron en la cuenta. ¿Quién era el de la camisa brillante y pantalón ajustado de color encendido que estaba siendo aporreado como saco de maicillo? ¿Por qué vestía como si fuera uno de los trapecistas del circo? ¡Porque era trapecista del circo! La orquesta calló. Tensión bajo la carpa. Jerónimo tiró el micrófono, saltó de la tarima, aterrizó en la pista como bólido, corrió con desenfreno, subió las gradas. Impondría su magnificada presencia y su autoridad incuestionable de luchador profesional. Colocaría el zapato en su horma: asustaría a los bravucones con sus prominencias físicas de salvaje y su cabello de apache al viento…> Los Vikings Era uno de los grupos musicales más conocidos en el país. Aunque varias de sus melodías fueron previamente grabadas por grupos foráneos, o sus autores son brasileños, mexicanos, o de otros orígenes, ellos dieron un sello propio a esa música llevando las interpretaciones a la cima del éxito. Un lejano día Los Vikings llegaron a Santa Elena. Las presentaciones se hacían en el atrio de la iglesia. Fue a fines de los años 60. “¡Ahí vienen!”, es el cuento en donde guardé aquellos instantes históricos. Leamos: <Un día de tantos, el padre Rodas dijo: Vaya, hoy le van a dar serenata a la Virgen. Frase célebre que debía registrarse con letras de oro, ya que sin pedir permiso a la institución religiosa representada por su persona, los impíos llevaron un grupo musical al atrio, desde donde anunciaron que aquí estaban Los Vikings de Usulután. A eso de las siete de la tarde el atrio rebosaba de cipotes chirotes y medio vestidos, pero todos alegres de ver aquel gordo parecido al santaclós que años después la transcultura nos metería por todos los huequitos del cuerpo, los huecos minúsculos, pues los mayúsculos servían para otros servicios; no crean que somos irrespetuosos: hablamos de los poros. Paín Moreno con su requinto llamaba la atención de los cipotes y desde aquella noche supimos sin querer saber que Los Vikings habían de marcar las épocas musicales, estacionándolas allí, donde ellos quisieron, poniéndoles el sello con canciones cantadas y recantadas aun en medio de la futura ofensiva de los compas en noviembre del 89. Canciones que se grabaron no en acetato, ni en los fantásticos compact disc, sino en el alma de la población: Y en cambio tú, qué me has dado a mí: todo aquello que no basta… O la otra: Esta desesperación aumenta mi dolor por ti, no me deja vivir ni me deja morir…> Los Guaraguao De acuerdo, la visita de Los Guaraguao a Santa Elena es bastante reciente: 9 de agosto de 2009. Sin embargo, dado el prestigio y el reconocimiento internacional del grupo, estoy convencido que es un trozo insoslayable de la reminiscencia pueblerina, y vale la pena preservarlo. Estuvieron al costado sur de la cancha de basquetbol, bajo el techo de este espacio, en una tarima que permanece durante las fiestas populares. Sus integrantes, venezolanos, son los fundadores de hace unos treinta y cinco años, clásicos de la música de rebeldías: Luis Suárez, José Manuel Guerra, Jesús Cordero, y Eduardo Martínez voz líder del grupo que hizo mención de nombres de elénicos caídos en la lucha social. A pesar de la categoría de ese concierto yo no he podido agarrar el hilo de los sucesos y elaborar con la madeja de esa hermosa noche un trabajo literario… Pero desplacémonos aprisa a la ciudad de Usulután, al año 2005. Noviembre 23. En la fecha llegaron allí Los Guaraguao y yo sentí satisfecho mi antojo de verlos y oírlos. Después escribí “Cantando encontré el camino” en honor a ellos. A continuación algunos fragmentos de este relato: <… Mirándolos y oyéndolos de tan cerca, imaginaba al guionista de Voces Inocentes, escribiendo la historia vivida. La película Voces Inocentes es un testimonio verídico y un homenaje a los que sufrieron la violencia militarista de la época de guerra. Oscar Torres, un chico salvadoreño que se autoexilió cuando sólo tenía doce años, después de mucho tiempo, confesando su admiración por su música, quiso hacerles un homenaje rescatando su historia como grupo musical. Lo que resultó es una revelación autobiográfica del dolor, de la inocencia violentada… (…)El grupo musical venezolano Los Guaraguao se presenta en Usulután, ciudad del oriente del país, cabecera del departamento homónimo al que llaman aún “El Granero de la República”. Ellos lo explican para disipar dudas: son los originales guaraguao, los fundadores del grupo. Amenazados, perseguidos. A pesar de ello, vivos y coleantes… (…)Cantábamos con Los Guaraguao. Disfrutábamos la música. Amábamos aquella voz inimitable. La de Eduardo Martínez: Cantando encontré el camino, un sendero y una luz… Gozábamos la energía manifiesta de José Manuel Guerra en cada golpe de sus baquetas.> Pues bien, más que recordar, presiento que otros artistas llegaron. El mago Fanci, por ejemplo, Pepito, una especie de cipote cuscatleco; éste comediante ya fallecido, era hermano de Linda Castellanos, conocida artista de teatro. Además un pequeñín, charrito presuntamente mexicano, quien ya era un adulto viejo llamado Margarito Esparza. En música no debo pasar por alto la visita de la banda Yolocambaitá, la de La Milonga del Fusilado , preciosa canción. Pero ese acontecimiento, reciente ahora, habrá de esperar dorarse en el horno de épocas futuras para que alguno de los chicos que estuvieron allí, se anime ya mayor a escribir la historia. Ciudad de San Miguel, septiembre 25 de 2010. Rene Ovidio González. |
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