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San Miguel, El Salvador, 13 de Abril del 2007

LOS CUENTOS DE DON CÉSAR
Por René Ovidio González

“…aquel personaje a quien le cubría el manto de tener el más insigne galardón: ser el hombre con quien se las habían visto un sinnúmero de espantos, cosas encantadas, aparecidos…”

Omar Gabrielí

En septiembre y octubre de 1988, las páginas dominicales de un periódico de circulación nacional contaron la historia de César Diablo, el personaje “de espigado cuerpo, cara alargada, y una rapidez al hablar y caminar”, que “haciendo uno y mil gestos, narraba, las más extraordinarias historietas…”

Muchos aprovecharon la coyuntura para opinar. Los que le conocían y tuvieron la oportunidad de escuchar sus pasadas, se inclinaron a que el mencionado estaba muy bien retratado, que no había vuelta de hoja, ese era don César; y destacaron las potencialidades del escritor: un narrador cuyo nombre sonaba a música nueva en los oídos: Omar Gabrielí. Los menos informados, aquellos con escasos argumentos de carácter literario, que para no perder descargaron baterías contra el misterioso cuentista,  opinaron que para publicar aquellos cuentos  debía solicitarse un permiso especial al susodicho personaje. Esto último fue aniquilado por el mismo cuentero al expresar con toda la seriedad del mundo, en referencia a las publicaciones:  yo le hubiera dado (al escritor) material en paleta, de haber venido a hablar conmigo antes de escribirlo (el cuento)…

Mirá Adelita, decía don César mientras escogía el pan que le compraría para desayunar, ¿vos creés que aquel zopilote que está tirado en la esquina murió de viejo? ¡No te equivoques muchacha! ¡Me lo eché desde aquí con mi fusil que sólo usa balas de plata! ¡Cayó de la nube en que andaba, como en la canción!
         Y Adela: Entonces le sale caro cada escopetazo…
         Y don César: ¿Y para qué tengo las minas, pues?

         Omar Gabrielí narra en su cuento:
          —¿Balas de plata? Don César por favor…
          —Sí pues no más que sólo las uso yo, ¿ve esta 45 y esta 3.57?, para ellas son; también hago para este checo, son especiales, sólo yo les sé el truco, con otro no funcionan; tengo suficiente arma y munición. Es que estoy pensando ir a tirar al cerro, sssííí mi amigooo estoy pensando ir a tirar…

         Y si se avanza en la lectura, Gabrielí lleva al lector en permanente ascenso hasta la “piedra encadenada”, pasando al lado de “La Bélgica”. Don César en su yegua Peruana, semejante a un Don Quijote contemporáneo, y lectores a puro pulmón, a pincel:
         —Seguí caminando y ladeando la finca “La Bélgica” subí con mi Peruana hasta la misma silla de la piedra “encadenada”, póngase a pensar usté. Bala por aquí, bala por allá, era una amenaza para los animales monteses, todos huían ante mi presencia; de repente siento un frío y algo me eriza los vellos: ¡el cadejo! Le puse el sombrero. Por suerte era el blanco, si hubiera sido el negro me lleva tu agüela…

         Es cierto, don César es único en la tradición oral de Santa Elena, y por qué no, del departamento de Usulután. Es posible que del país entero. Narrador oral incomparable, tuvo el privilegio de sobrevivir en un siglo convulso y peligroso, casi cien años de cuentos, de historias inventadas; por la necesidad urgente de nuevos espacios, mejores mundos que él creaba a su antojo en su imaginación intranquila.

         Omar Gabrielí lo describe con detalles fotográficos:
         Su pasmosa habilidad para narrar los hechos le hacía semejarse a un cuentista, su capacidad para alterarlos sobrepasaba la mente más febril de algunos periodistas, su dramatismo era tal que cualquiera diría era cantor o poeta, su seriedad, su estilo, no desdecían en nada el asunto de su historia, la cual había de creerse a pie juntillas.

         El personaje “César Diablo” es desde entonces y para siempre un patrimonio cultural del pueblo, es un Quijote particular, un “Hijo Meritísimo”, un Símbolo, un Guardián de sus habitantes, un Justo Juez del día y de la noche…

         Cerca del desenlace, Gabrielí expresa las esperanzas y frustraciones de su personaje:
         ¡Ah, don César!; ahora se convierte en una sombra, en un recuerdo. Quería hacer creer que tenía una bestia al estilo Doctor Fausto o al más no haber como la de Don Quijote. Nadie supo valorar sus cualidades —según su decir—, él esperaba que lo condecoraran con el título de “Hijo Meritísimo”, “Gran Parquero”, “Guardafuente”, o por lo menos “Excelentísimo Cuidandero de la Piscina Abandonada ”.

          En septiembre 25 y octubre 2 de 1988, todo El Salvador debió leer su historia. Las pasadas de César Diablo quedaron impresas en dos entregas que publicó el periódico, cada una ocupó media página literaria. ¿Cuántos elénicos, coterráneos de don César y de su biógrafo prístino, un tal Omar Gabrielí, conservan todavía en la memoria aquellas páginas?

Nota: esta es una colaboración del escritor Tabu-2 Rene Ovidio González

Por equipo www.tabu2.org

Evert Lopez

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