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San Miguel, El Salvador, 13 de Abril del 2007 LOS CUENTOS DE DON CÉSAR “…aquel personaje a quien le cubría el manto de tener el más insigne galardón: ser el hombre con quien se las habían visto un sinnúmero de espantos, cosas encantadas, aparecidos…” Omar Gabrielí Muchos aprovecharon la coyuntura para opinar. Los que le conocían y tuvieron la oportunidad de escuchar sus pasadas, se inclinaron a que el mencionado estaba muy bien retratado, que no había vuelta de hoja, ese era don César; y destacaron las potencialidades del escritor: un narrador cuyo nombre sonaba a música nueva en los oídos: Omar Gabrielí. Los menos informados, aquellos con escasos argumentos de carácter literario, que para no perder descargaron baterías contra el misterioso cuentista, opinaron que para publicar aquellos cuentos debía solicitarse un permiso especial al susodicho personaje. Esto último fue aniquilado por el mismo cuentero al expresar con toda la seriedad del mundo, en referencia a las publicaciones: yo le hubiera dado (al escritor) material en paleta, de haber venido a hablar conmigo antes de escribirlo (el cuento)… Mirá Adelita, decía don César mientras escogía el pan que le compraría para desayunar, ¿vos creés que aquel zopilote que está tirado en la esquina murió de viejo? ¡No te equivoques muchacha! ¡Me lo eché desde aquí con mi fusil que sólo usa balas de plata! ¡Cayó de la nube en que andaba, como en la canción! Omar Gabrielí narra en su cuento:
Y si se avanza en la lectura, Gabrielí lleva al lector en permanente ascenso hasta la “piedra encadenada”, pasando al lado de “La Bélgica”. Don César en su yegua Peruana, semejante a un Don Quijote contemporáneo, y lectores a puro pulmón, a pincel: Es cierto, don César es único en la tradición oral de Santa Elena, y por qué no, del departamento de Usulután. Es posible que del país entero. Narrador oral incomparable, tuvo el privilegio de sobrevivir en un siglo convulso y peligroso, casi cien años de cuentos, de historias inventadas; por la necesidad urgente de nuevos espacios, mejores mundos que él creaba a su antojo en su imaginación intranquila. Omar Gabrielí lo describe con detalles fotográficos: El personaje “César Diablo” es desde entonces y para siempre un patrimonio cultural del pueblo, es un Quijote particular, un “Hijo Meritísimo”, un Símbolo, un Guardián de sus habitantes, un Justo Juez del día y de la noche… Cerca del desenlace, Gabrielí expresa las esperanzas y frustraciones de su personaje: En septiembre 25 y octubre 2 de 1988, todo El Salvador debió leer su historia. Las pasadas de César Diablo quedaron impresas en dos entregas que publicó el periódico, cada una ocupó media página literaria. ¿Cuántos elénicos, coterráneos de don César y de su biógrafo prístino, un tal Omar Gabrielí, conservan todavía en la memoria aquellas páginas? Nota: esta es una colaboración del escritor Tabu-2 Rene Ovidio González Por equipo www.tabu2.org Evert Lopez |
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