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Soyapango, El Salvador, 22 de Octubre del 2009 Los Tabales de San Benito Es Diciembre, por las rendijas de las puertas, se filtra un gélido frío, propio de la época; una suave brisa levanta polvo de las empedradas calles de mi pueblo. Cerca de las 7 PM, ya se escucha la algarabía en la cuadra que ocupa la casa de la tía “Nela Arévalo”; cual carpas de circo se levantan los velachos de las refresquerías que a lo largo de la cuadra están instaladas para festejar al santo. Se dejan escuchar algunos cohetes de vara: Todo el mundo se prepara para ir al baile de los tabales, en honor a San Benito, celebrado religiosamente cada año por la conocida Doña Aminta Cortéz en compañía de “Moncho Penado”. Nuestra madre, prepara su canasta de chicles y dulces, para irse a instalar en la esquina que ocupa la vieja casa de Doña Berta Ramírez. Un suéter de lana negro le acompañará hasta las 2 AM., hora en que generalmente termina el baile. De los cantones y barrios de está querida ciudad las muchachas y los muchachos de la época, están listos para iniciar el baile. Tengo vagos recuerdos de estas fiestas pues tendría unos diez años. Recuerdo que en el patio que ocupaba la casa de Doña Aminta, a la sombra de un árbol de nance “Japonés “, la muchedumbre hacia una rueda. El recordado Moncho Penado con la también ya fallecida Doña Aminta, iniciaban la danza con el santo moreno, se dejaba escuchar la voz de “Moncho” cantando, “San Benito es mi hermanito…”, contestaba Doña Aminta “yo no lo quiero porque es negrito” , al compás de una armoniosa danza continuaba Moncho “Yo si lo quiero porque es negrito”…, al final de la misma todo mundo buscaba pareja y bailaban hasta entrada la madrugada al son de la Pulum- Pulum de los hermanos “Guerreros”. Eran cantidades de jóvenes y mayores que asistían a la famosa fiesta: No faltaba en las refresquerías las famosas amargas para quienes eran amantes del dios Baco y por supuesto las chibolas o gaseosas y refrescos para las mujeres y niños. Cada año religiosamente Moncho Penado y Aminta Cortéz, celebraban estas fiestas; en ocasiones la señora Carmen Guevara también hacia la danza del San Benito. Cuentan que por sugerencias del recordado Padre Rodas, la fiesta se extinguió. Llegaron los años ochenta y con ello el fenómeno de la guerra. Nunca más volví a saber del famoso San Benito. Me imagino que para esta época ya pocos se recuerdan de esta tradición en mi ciudad. Abundaban las naranjas de la famosa finquita que se vendían a 0.05 ( de colon) peladas y partidas por la mitad. Las calles seguían siendo empedradas, el alumbrado público lo constituía un foco de 80 wats, que apenas se distinguía en las noches oscuras, el 95% de las casas eran de adobe y algunas de bahareque. Recuerdo que alguna vez pague los cincuenta centavos de colón para bailar el San Benito al son de la famosa pulum- pulum… Me tiemblan las piernas cada vez que saco a bailar alguna chica… Un frío intenso invade el ambiente. Erick López |
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