TABU-2 |
San Salvador, El Salvador, 23 de Abril del 2008 Noyo como le hemos conocido sus amigos de infancia sacude su pluma de nuevo y nos relata épocas doradas cuando nos toco estudiar en Usulutan, la aventura de viajar todos los días las vivimos juntos, esperamos que los jóvenes de hoy vean esto como un ejemplo al sacrificio que sus padres hicimos, pues somos de la generación de los jóvenes de la Guerra, puesto que nuestra juventud, estudios, noviazgos y diversión las hicimos en medio de los años mas crudos de la guerra civil, este articulo nos recuerda como en medio de la dificultad nos las ingeniamos para hacer lo difícil algo cotidiano y común, alegre y divertido. Evert Memorias de Noyo Lozano IV Hola Amigos Tabu-2 Esta vez quiero compartir con ustedes mis recuerdos de los años 1976-1978 cuando estudié Tercer Ciclo en el Instituto Nacional de Usulután (INU). Este, más que un simple relato, es un homenaje a los amigos sinceros, a la amistad verdadera. Cinco cipotes formábamos el grupo de buenos e inseparables amigos y compañeros que todos los días a buena mañana nos desplazábamos a estudiar al INU, esos eran Chito Gaitán, Jorge Vargas hijo, Benjamín (Mincho) Rodríguez, Lito Cortez (Chusmiela) y este servidor. También había otros muchachos y muchachas que también iban a estudiar a Usulután, unos estudiaban Bachillerato Agrícola y en otros en colegios como el Centenario y el Superior de Comercio. Recuerdo que siempre procurábamos viajar sin tener que pagar pasaje, es decir siempre tratábamos de conseguir "ride" o aventón, por eso nos íbamos a parar en las esquinas por donde sabíamos que tenían que pasar algunas personas que viajában en carro para Usulután, ya sea a estudiar o a trabajar. Por ejemplo, nos parábamos en la esquina donde la niña Cristina Guerrero viuda de Iglesias, porque allí podíamos agarrar ride con Don Gabriel Gaitán quien trabajaba en el Instituto, aunque algunas veces él no iba o se iba más tarde, así que ya no conseguíamos ese aventón. Bueno, pero entonces nos tocaba irnos a parar a la salida para esperar a alguien que viniera del Barrio Analco o sino del Calvario. Si no teníamos suerte, entonces nos tocaba irnos en bus, ni modo, a pagar. En algunas ocasiones nos dió aventón Don Juanito Rodríguez (el papá de Mincho) en un microbús Volkswagen viejito que tenía y que, por cierto hacía más bulla que los buses que llegaban al pueblo; en otras ocasiones yo lograba que mi papá me prestara un pick up que tenía y por supuesto allá iba todo el grupo de cheros atrás en la cama del bendito pick up, pero siempre mandaba a un motorista que tenía, porque yo todavía no tenía licencia y habían muchos retenes policiales en la Litoral, sólo nos iba a dejar y se regresaba con el vehículo. Era en la época cuando la Carretera entre Santa Elena y la Litoral era de tierra, aunque en esos tiempos empezaron los trabajos para pavimentarla. El regreso para Santa Elena después de clases era otra aventura, ya que, como casi todos los estudiantes que llegaban de fuera de Usulután, nos poníamos a pedir aventón en el ya famoso lugar conocido como "Los Pilotos". Allí tratábamos nuevamente de conseguir a alguien que fuera para el pueblo y que nos diera ride. Muchas veces conseguimos algún pick up que fuera hasta el pueblo, pero otras solamente conseguíamos aventón hasta el desvío y de allí ya era un poco más fácil conseguir transporte hasta Santa Elena. Algunas veces nos dio jalón Don Jacobo Bonilla, aunque en su carrito solo cabíamos tres, y los otros tenían que quedarse a esperar otro ride. Otros que también nos daban aventón eran Don Joaquín Arévalo, Eric Melara (Cebín), Ricardo Melara, "Zacatón", el "chele" Saido (el hijo de don Tito García), y otros. Cuando nos agarraba la tarde y no encontrábamos un aventón, buscábamos un bus que tuviera parrilla y allí nos subíamos para evitar que el cobrador nos viera, aunque eso no siempre funcionaba porque el cobrador también se subía a la parilla a cobrar. Viajar en la parrilla de los buses era una costumbre muy usada por los muchachos en aquellos tiempos, seguramente alguno de los que están leyendo esto lo hizo más de alguna vez. Recuerdo que en una ocasión, cuando estábamos pidiendo ride en Los Pilotos, pasó Don Joaquín Arévalo en un camioncito que tenía y al oír que le pedimos aventón solo hizo una maniobra como simulando que iba a parar, pero sólo bajo la velocidad un poco, porque vió que además de nosotros cinco, también había otro montón de estudiantes que también pedían ride, entonces nosotros corrimos hacia el camión, que tenía unas barandas de madera y lanzamos nuestros cuadernos hacia la cama del camión e inmediatamente nos colgamos de las barandas, pero el compañero Mincho Rodríguez solamente logró lanzar sus cuadernos hacia la cama del vehículo y aunque corrió, ya no pudo alcanzar las barandas, por lo que tuvo que quedarse a media calle y solo logró gritarnos que le guardáramos sus cuadernos, cosa que hicimos y se los devolvimos ese mismo día por la tarde. Fue algo realmente chistoso. Algo que no se me olvida es la vez que, cuando regresábamos de una clase de Educación Física, las cuales recibíamos en el Círculo Estudiantil, decidimos irnos caminando hasta Santa Elena, pero acortamos camino yéndonos por la línea del tren, lo yuca fue cuando tuvimos que cruzar el puente sobre el Río Santa María, porque de lejos no parecía tan alto, pero cuando ya estábamos encima del puente, ahí nos dio pálida y a mi me dio un poco de vértigo, al final llegamos a casa, tarde, pero llegamos, aunque al final de camino si pedimos aventón porque ya estábamos bien cansados. Situaciones como estas se repitieron a lo largo de esos tres años que disfrutamos tanto, y durante los cuales nos pasaron situaciones divertidas, tristes y hasta peligrosas, donde conocimos buenos amigos, fue la época cuando empezamos a sentir las primeras emociones por alguna chica, y cuando nuestra amistad se afianzó tanto que ha durado hasta el día de hoy, y doy Gracias a Dios por ello, por los buenos amigos, por los eternos amigos. Chito, Lito, Jorge, Mincho, a todos ustedes, donde estén, que Dios los Bendiga. Aquí tienen al amigo de juventud, al compañero de estudios, al amigo de siempre. Seguiremos recordando. Noyo Lozano |
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