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San Francisco, California, 5 de Mayo del 2009 Nuestra Sociedad Cuando cumplí los 10 años de edad, las historias que escuchaba de mi país siempre tuvieron como tema principal las luchas del hombre por buscar un mejor estilo de vida, así como el respeto para la familia. Eso lleva a nuestros próceres a luchar por la independencia el 15 de Septiembre de 1821, lo cual los desliga del yugo español. El hombre por cumplir con las metas propuestas, continúa de generación en generación, luchando por su objetivo, algunos casos llegaron al extremo de luchar el uno en contra del otro, por demostrar quien es más poderoso y el que ganaba se quedaba con la mejor tajada y podía de manera más fácil cumplir con su ambición de poder. De esta forma entre los hombres surge la división, el poderoso y el débil que al mismo tiempo es utilizado como esclavo. El poder lo percibimos de dos formas; el poder real y el poder formal. El Poder Real se obtiene a base de dinero, armas y fuerza, mientras tanto el Poder Formal se da a base del sufragio o por consenso de un grupo determinado. Las estrategias fueron muy vitales en esta continua lucha del hombre por el poder, sin embargo la pobreza que nos heredaron nuestros antepasados, debido al saqueo y explotación que vivieron por parte de los españoles nos ha forzado, de algún modo, a ser dependiente de otros países, que al mismo tiempo nos usan en sus políticas sucias y ambiciosas en la conquista del mundo. He aquí donde ya no solo el hombre lucha entre si para lograr el poder, ahora vemos imperios luchando el uno contra el otro, todo por demostrar fortaleza a nivel mundial. Este hecho también nos hace más pobres y nos sacrifica a seguir metidos en este abismo del cual ellos no nos dejaran salir jamás. Bien, con este estilo de vida presente, los salvadoreños hemos batallado día a día, no por rescatar las riquezas perdidas o por llegar a ser poderosos como los grandes imperios del presente, pero si, por conseguir respeto ante cualquier ser o nación. Nuestra sociedad salvadoreña pese a los golpes de la guerra y la pobreza ha sabido, de forma lenta pero segura, avanzar en el camino de la formación de hombres orgullosos de sus raíces y con los deseos de crear familias fuertes que continúen su legado de humildad y respeto. Ese ejemplo de ver nuestras familias luchado, tanto hombres como mujeres que se sacrifican por educar a sus hijos e incluso han dado su vida por lograrlo. Ahora yo tengo 38 años, han pasado 28 años desde que yo recuerdo haber escuchado de nuestras luchas y como lo he explicado antes hombres y mujeres han dado su vida por educar y alimentar a sus hijos de manera justa y saludable; reconozco que cada generación ha sido diferente y sin embargo hemos tenido algo en común, la cicatriz de la guerra que de forma directa hizo que muchos inmigraran a otras ciudades y para colmo otros lo hicieran hacia otros países, muy lejos de donde quedo su ombligo. Esto fue un virus que aniquilo muchas familias, hijos quedaron huérfanos y tuvieron que luchar solos, los padres los abandonaron dejándolos con los abuelos u otros parientes responsables. Así comienza la desarticulación familiar en nuestra sociedad salvadoreña, creando enfermedades sociales que hoy en día están cobrando factura y destruyendo poco a poco el deseo de nuestros ancestros, el deseo de mantener el respeto ante cualquier hombre o nación. Considero que hemos sido una generación muy sacrificada, hemos trabajado desde niños, como adultos seguimos igual a cargo de nuestros padres que ya desvanecen, de nuestra nueva familia que hemos fundado y de algún modo apoyando a nuestros parientes que dejamos atrás por motivos ya expuestos antes. A mi edad considero, que podré llegar a ver a una nueva generación con otra visión y otro estilo diferente de manejar las cosas, hoy en día ya se ven más familias con una estructura aceptable, mas organizada. Vemos padres trabajando, hijos estudiando, prometedores de un cambio social que hoy en día necesitamos los salvadoreños. Hoy en día veo nuestros hijos siendo independientes y nosotros los padres orgullosos de ellos y sollozando de alivio al saber que ya no son nuestra responsabilidad directa y que ellos se pueden valer por si mismos, lo cual les abre la puerta para crear sus propias familias de acuerdo a la educación que les hemos brindado. Partiendo con este patrón podremos cambiar nuestro destino como salvadoreños. Nosotros somos responsables de lo que nuestros hijos reflejen en la calle, de su conducta y comportamiento, considero que a partir de este concepto seremos mejores padres y tendremos mejores resultados con nuestros hijos. Hermanos salvadoreños, he aquí un poco de como veo las cosas y como creo podemos ayudar a que nuestra sociedad mejore, si tu sabes algo mas, no lo ocultes y compártelo con nosotros que aprenderemos Juan Antonio Garay |
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