TABU-2 |
Arizona, USA, 29 de Junio del 2008 El autor no se responsabiliza por cualquier omisión o error en las fechas nombres y lugares aquí descritos, estos son meramente recuerdos extraídos puramente de la memoria. El autor reconoce que muchas de las referencias y nombres aquí descritos pueden tener similitud a terceros y pueda que ya ni existan de modo que renuncia a cualquier responsabilidad por omisión o mala interpretación. Este relato debe tomarse únicamente como un cuento. PESADILLA Como dije por allí antes, mi tía Rosa y “Marillita” de Santa Elena, tenían la costumbre de rezar novenas por todos los difuntos que se les ocurrían y lo hacían en un pequeño altar que consistía de una mesa al pié de un enorme cuadro de Jesús, de autor desconocido para mí, nunca supe que sucedió con ese cuadro y muchas otras de las pertenencias de tía Rosa, después que ella murió en Noviembre de 1963. Esa noche le rezábamos a la señora que había sido esposa de tío “Moncho” Quintanilla, quién también había procreado a Chepito Guandique con “Marillita”; No sé por qué me vino la curiosidad y empecé a preguntar que quién era esa señora y que por qué no la había conocido... el asunto es que terminamos de rezar la novena, que consistía en un montón de lecturas de un libro viejo terminadas al final por el rezo del Santo Rosario con toda y sus letanías, en las cuales se reemplazaba el sabido Ruega por Nosotros, con el Ruega por Ella, es decir por la difunta cuya novena rezábamos. Llegó la hora de dormir, y me dispuse a hacerlo en mi cama que estaba precisamente enfrente del altar donde acabábamos de rezar la novena, dormía pie con pié con mi hermano, mi cabeza contra la pared y mi hermano en el otro lado. Apenas veía el tragaluz que estaba encima de la puerta que daba con el lado de la calle y que estaba enfrente de mi cara y al lado de la cabeza de mi hermano, pero después de un pequeño pasillo y otra cama que estaba en línea pero que ésta noche estaba vacía, ya que no había otros primos visitando; como siempre, llegó “Marillita” a envolvernos y a envolverme la cabeza, ya que no me gustaba dormir con la cabeza tapada; ella dormía en el cuarto de la par, al igual que tía Rosa; la puerta de ese cuarto estaba de mi lado de la cama, y entre ésta y el altar. En ésa madrugada, como siempre lo hacía, me desperté al oír el ruido de las carretas en el empedrado que siempre bajaban al pueblo a recoger agua para usarla durante el día en sus casas, no le presté atención al hecho de que ahora no veía la puerta que daba hacia la calle, sino la puerta que daba hacia el cuarto de mi tía que estaba en el lado opuesto, sin embargo sentía los pies de mi hermano al lado, es decir, que siempre estábamos pié con pié... en la penumbra alcancé a ver que la puerta del cuarto de mi tía se entreabrió, y vi una figura blanquecina acercarse a mi lado de la cama, a lo que empecé a decirle: - Madrina... Madrina... - y es que así le decía yo a mi tía al igual de “Marillita”, quien así le decía por ser ella su ahijada, sin embargo no recibí respuesta... la figura se acercó al lado de mi cama y se sentó, a éste momento yo todavía insistía en decirle – madrina... madrina... – como no me contestaba, empecé a sentir miedo y me embocé en las cobijas… Quien quiera que haya sido esa persona o cosa, empezó a pasarme sus manos sobre mis sábanas muy despacio... cuando las pasó sobre mis manos, solo pude sentir sus delgados dedos y sus largas uñas... demasiado largas para ser normales... empecé a rezar casi desesperadamente y poco a poco me fui quedando dormido quizá de pánico o quizá como defensa de mi cuerpo. Al amanecer, pude de nuevo abrir mis ojos y, cosa extraña, estaba otra vez viendo hacia la puerta de la calle y con mi cabeza del lado de la puerta del cuarto de mi tía… le pregunté a mi hermano si había sentido a alguien acercarse a la cama la noche anterior y me dijo que no; la verdad es que él siempre se dormía como tronco y nunca se despertaba en la noche; por lo tanto fui y le pregunté a mi tía si ella se había levantado la noche anterior, y me confirmó lo que temía, que NO se había levantado para nada. Le conté lo que me había pasado y me dijo que a lo mejor era una “alma en pena”, a lo que involuntariamente tuve que pensar en la señora a quién le habíamos rezado su novena en la noche anterior... quizás??? Lo cierto es que a partir de ese suceso, jamás he podido volver a dormir con la cabeza destapada y siempre he temido estar en una cama que da frente a una puerta....... Frank Osegueda |
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