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Montreal-Quebec, Canada, 1 de Abril del 2008

Llegan mas memorias, esta vez desde Canadá, Chito Gaitan repasa sus tiempos de niño en nuestra tierra, nos recuerda esos juegos y juguetes  que fueron comunes entre nosotros, disfrutemos y que nos sirva de inspiración para que otros escriban y hagamos mas grande nuestra pagina, esperamos tus artículos.

Evert Lopez

Mis Recuerdos de Infancia
CHITO

Es muy bonito guardar en la mente, los recuerdos mas lindos vividos en nuestro querido pueblo de Santa Elena, cuando uno fue un niño, y estoy hablando de cuando yo tenia como diez años. Lo más importante para uno de “cipote” es encontrarse con los amigos para decidir que hacer o de que podíamos jugar.

Yo estudie en la Escuela Urbana Mixta Numero 3, que en esa época se encontraba a media cuadra al sur del Mercado Municipal, frente donde vivía don Facho Méndez, al salir de la escuela corría para llegar a mi casa lo mas pronto posible porque me estaban esperando mis amigos para jugar en la calle en esa época no existían los tales juegos de Atari, Nintendos, Playstation, X-box y otros, no, en esas lindas épocas, nosotros jugábamos a algo mas “pulido” para nosotros, las “chibolas, semillas de marañon y corcholatas”, marcábamos un cuadro en las calles empedradas y jugábamos a “la cuarta”....jajajajaja.

Si, que era divertido eso y pasábamos jugando horas y horas. Los amigos con los que mas jugábamos eran: Chico Melara, Ricardo Aguilar, Emiliano y Fidel Corleto, Cheyo (chintillo), Julio (camarón), Dimas (el mudo), Oscar (pata de cubo), Beto (quinta) y muchos mas que se me escapan de la mente.

También jugábamos a las “piscuchas” en la época de los vientos, al trompo que comprábamos por 25 centavos (de colon) y sino, los hacíamos nosotros mismos no importando que nos quedaran “tataratas o romos”, jugábamos a las tarjetas, de esos álbumes que salían en esos tiempos, me recuerdo del álbum “vida y color”, y del álbum de “Los jugadores del mundial  del 70”.

Cuando las calles se nos oscurecían entonces comenzaba lo mejor porque cambiábamos de tipos de juego y seguíamos con juegos como: “tantarro”, “ladrón librado (libre)” y uno que otro “masconsito” de Fútbol, pero si entre el grupo se encontraban algunas niñas con nosotros pues entonces jugábamos algo mas suave como por ejemplo: “las chácaras”, “anda lanillo”, “mataterolerola”.

Algunas veces también mejor prefería ir al “mollejón” en esa esquina donde llegaban tantos viejitos a platicar cosas tan entretenidas, pero que al final siempre tenían una moraleja que darnos. Recuerdo las platicas de papa Quito, José Manuel (Chemanel), papa López, “Papiolo”, Juan (gato), Miguel Méndez,  Meme Aparicio (mi abuelo), Eustaquio Méndez y muchos otros mas, pero la noche especial del gran show era cuando venia al “mollejón”, Don Cesar Diablo; esa noche no jugábamos porque teníamos invitado de gala y había que buscar el mejor “puesto” para estar escuchando las historias tan entretenidas que tenia que contar tan eminente personaje.

También tengo muy lindos recuerdos de cuando nos íbamos a jugar fútbol a la vega, a la orilla de la quebrada. El entusiasmo, de cuando Ricardo “chintillo” organizaba los torneos de BARRIO de futbolito en la canchita del parque central, después de esos torneos organizaba una selección y nos llevaba a jugar a diferentes pueblos como a Ereguayquin, Jiquilisco, Usulutan y otros.

Recuerdo también  la época en que yo participe como “Lobato” en el circuito de Santa Elena, y estábamos obligados a ir a todas las misas dominicales para tener derecho a poder ir a las caminatas. Salíamos al cerro del Nanzal, a la finca Miramar, al Cerro Santa clara, la montañita, a la laguna del palo galán, etc.

Ah, que tiempos esos, uno se divertía a lo grande con cualquier cosa, lo mismo si llovía, para mi era una felicidad, porque debajo de las grandes tormentas, yo me escapaba de la vista de mis padres para irme a bañar al exterior de la casa y meterme en las corrientes mas fuertes que bajaban por las calles.

En el pueblo tampoco había calamidad de fruta, por cualquier lado de ibas a pedir que te dejaran bajar mangos y te los comías los mejores, entrabas donde otro vecino y tenían nances japoneses o indios, marañones, mimbres, si querías comer guayabas solo te ibas para la quebrada y cortábamos unas cuantas, para que pensar en querer comer manzanas, uvas o peras, si eso era imposible por lo escaso y lo caro de esos productos.

Una vez recuerdo que le dije a Ricardo Aguilar que la niña Lita Melara tenía un palo de mango de clase pero ella nunca querría regalarnos de esos mangos y nos fuimos una tarde a escondidas, saltándonos los cercos, y justo cuando nosotros nos estábamos dando el gran manjar, comiéndonos esos mangos tan deliciosos, ella se dio cuenta que nosotros estábamos “subidos” en el palo de mango, fue cuando ella llamo a la perra de raza que tenia (Pupy) y “la azoto” para que nos hiciera bajar del palo, pero tal fue el miedo a la perra que en vez de bajar, nos subimos a las ramas mas altas donde ya nadie nos veía, y nos dio la noche. Jajajaja.

Bueno con estos recuerdos, solo quiero que ustedes también piensen en sus propias aventuras que pudieron haber vivido en la infancia, en  los brazos de nuestra querida TABULANDIA.

Cesar Gabriel Gaitan (Chito)
Montreal - Quebec - Canada
chitogaitan4@hotmail.com

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