TABU-2 |
San Salvador, El Salvador, 24 de Marzo del 2008 Nuestros lectores siguen escribiendo, presentamos la tercera entrega de Arnoldo Lozano, donde recuerda tiempos importantes de nuestra Santa Elena querida, como editores nos sentimos complacidos con todas las participaciones pero seguimos esperando por tu coparticipación. disfruten de este articulo. Evert Lopez Momoiras de Noyo Lozano III Hola Amigos Tabu-2: Con el típico calor de esta época del año, es común que se nos antoje algo refrescante como un sorbete y también es común encontrar una sorbetería cerca de nuestras casas, por lo que comer un antojo como ese en cualquier momento es algo que ahora damos por sentado. Sin embargo, hace muchos años allá en Santa Elena, degustar un sorbete, al menos uno de marca conocida, era bastante difícil, poco menos que un lujo que no muchos podían darse. A lo más que podíamos aspirar era a comprar un sorbete de carretón, y eso solo cuando teníamos la dicha de que un "sorbetero" apareciera por el pueblo, generalmente los domingos o en época de fiesta. Claro, eran más comunes los “paleteros” con sus consabidas “sorbeletas”, vasitos, paletas de frutas, etc. También teníamos la opción de comprar aquellos cubitos congelados hechos de leche o de fresco de fruta, conocidos popularmente como "helados" y que podíamos adquirir en algunas tiendas del pueblo al razonable precio de 2 helados por cinco centavos de colón y que eran vendidos en trocitos cuadrados de papel “kraft” (tenía que ser un papel grueso y resistente). Seguramente muchos tabudos recordarán ese refrescante manjar. Además estaban también las bolsitas cilíndricas de plástico grueso llenas de fresqui-top congelado, mejor conocidas como "bolis", los que también comprábamos en las tiendas de las escuelas a la hora de los recreos. Qué lástima que ya casi nadie hace bolis allá en el pueblo. Particularmente recuerdo las paletitas de vasito, hechas igualmente del famoso fresqui-top, generalmente de fresa, como las que vendía la niña Lina Zelaya. Las hacía en unos vasitos de aluminio en los que ponía un poquito de fresqui-top, los metía en la refri y cuando se estaban endurando, les ponía un palito y para sacarlas solamente giraba el palito y la paleta salía fácil. Todas esas delicias que para los cipotes de aquella época eran sencillamente exquisiteces inigualables, fueron reemplazadas por la famosísima y conocidísima "charamusca" que se popularizó no solo en Santa Elena, sino en todo el país, pero que igualmente disfrutamos. Pero volviendo a los sorbetes, recuerdo que en esa época abrieron en el pueblo un par de sorbeterías: una era la conocida como la "sorbetería de Hugo" allá en la Calle al Calvario, en la esquina frente a la casa que hoy es del Chele Dago. Esa sorbetería se volvió punto de reunión o punto de encuentro para los adolescentes de entonces, ya que era el único lugar que nos proporcionaba un espacio de libertad y donde podíamos pasar un rato ameno con los amigos. Ahí podíamos disfrutar esos ricos sorbetes, y donde algunos probamos por primera vez las "bananas-split" o las "vacas negras". También, por su ubicación, era punto obligado de reunión para los estudiantes del INSE y de la Canessa, ya que les quedaba en el camino. La otra sorbetería era la que abrió Doña Dora Marina de Velásquez, y que por cierto, compartía ubicación con una tienda llamada "El Mundo del Regalo", ambos negocios eran atendidos por la mismas muchachas. Recuerdo que en una ocasión invité a una muchacha que me gustaba a comer un sorbete doble en esa sorbetería, estos eran unos conos cuyas bolas de sorbete no las ponían una sobre la otra, sino una a la par de la otra, pero resultó que como esta muchacha nunca andaba sola, me tocó invitar también a la chica que andaba con ella. No me quedó de otra, porque tenía que aprovechar esa oportunidad. Esta sorbetería por su parte, era parada casi obligada para aquellas personas que pasaban a misa los Domingos del Barrio Analco y de Cantones como Los Amates, Joya Ancha y otros. Estoy seguro que muchos Tabu-2 que están leyendo esto, estarán recordando sus propias anécdotas en estos lugares. Como dice nuestro amigo Evert López, esos recuerdos nos transportan en el tiempo y nos colocan, según sea el caso, en el Parque Central cuentiando a alguna muchacha, o en el Casino Elénico en alguna fiesta del 5 ó del 30, o en un aula de alguna escuela del pueblo o del INSE, o en la antigua Iglesia Parroquial, o en alguna Fiesta Patronal, o en la Cancha del Vencedor, pero como sea, indefectiblemente nos hace sentir mucha nostalgia y añorar aquellas épocas cuando Santa Elena era todo nuestro Universo. Seguiremos recordando. Noyo Lozano |
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