TABU-2
La Página de Internet Oficial de Los Tabu-2

Inicio
Quienes Somos
Como Colaborar
La Voz de Los Tabu-2
Danos Tu Opinion
Novedades de Santa Elena
Rincon Literario
 

Arizona, USA , 5 de Marzo del 2008

EL TESORO INDIO (Santa Elena)
(Una historia con sabor a cuento, o ¿será al revés?)
Los nombres han sido cambiados, para proteger a los inocentes

Una vez decidimos con Liíto y Beto, mis cheros, que íbamos a engancharnos a una señora que vivía en una “pieza” que le alquilaba a tía Blanca... lo que decidimos fue hacer un hoyo en el patio de “la otra casa”; así le decíamos al patio de la casa de Papa Tin y mama Mena que estaba pegado a la casa de tía Blanca, separado por una pared de adobe que tenía una puerta en el medio y que era la que servia de comunicación; como era bastante lejos de la construcción principal, casi nadie iba por allí, excepto nosotros los cipotes cuando jugábamos.

El asunto es que hicimos el hoyo con un “güisute”, que era una herramienta de hierro utilizada para ese propósito, y también ayudados con las manos... una vez abierto el agujero, decidimos poner en el una caja vieja de madera llena con pedazos de teja que a la que nosotros le habíamos dibujado garabatos que, según nosotros, simulaban jeroglíficos, utilizando un pedazo de yeso o tiza.

Una vez enterrado todo, junto con unos tejos, también escritos con garabatos, manchamos una tabla con algo que parecía un mapa con direcciones y la ensuciamos con tierra para simular antigüedad, según nosotros.

Fuimos a llamar a la señora, quién nunca se asomaba por ese patio, y le dijimos que cuando estábamos jugando habíamos encontrado la tabla con el mapa y que creíamos que se trataba de algo enterrado...

Como dicen por allí, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, de modo que la señora desde el principio se mostró escéptica y nos miraba con ojos de cómo que le queríamos tomar el pelo; nosotros seguíamos con el cuento y simulamos que ya habíamos descifrado el mapa, y que indicaba precisamente el sitio donde habíamos enterrado la caja y los tejos, y para probarlo, la llevamos hasta el lugar y empezamos a escarbar, al llegar a los tejos, fingimos sorpresa y se los enseñamos a la señora, definitivamente no nos creyó y nos regañó por haberle querido tomar el pelo, de modo que se fue a quejar con mi tía; después de la respectiva regañada, ya estábamos listos para la siguiente aventura...

Frank Osegueda

Una colaboración de Frank Osegueda: frantogsi@gmail.com 

Regrese a Archivo Rincon Literario 2008

©Tabu-2