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Santa Elena, 2 de Enero del 2008 Usulután Fecha de actualización: 12/31/2007 La vida de Pedro Antonio Bonilla transcurría entre el cuido de las vacas, la familia y las siembras de granos básicos, en Santa Elena (Usulután). Uno de sus hermanos, Paulino, falleció en California, Estados Unidos, en 1992. George Sardina, un médico estadounidense para quien trabajó Paulino, llegó a El Salvador a conocer la familia de su amigo recién fallecido, se quedó unos meses y luego invitó a Pedro a que le acompañara en sus viajes por el mundo. Su primera aventura inició con la visita a la Embajada de Estados Unidos, lo acompañó George. El viaje estuvo compuesto hacia Estados Unidos y luego al Oriente Medio. “El Salvador es mi felicidad, aquí tengo mis hijos, mi esposa, mi trabajo como ranchero, nunca me imaginé que iba a viajar, ha sido muy satisfactorio”, dijo Pedro, actualmente con 57 años de edad, quien siempre anda vestido con camisas arremangadas, pantalones de corte largo y sombrero negro. Escogido por Sardina para recorrer diversos países, por su fuerza de voluntad y física, el médico, que financia cada expedición, permitió que Pedro cuente hoy sus pasos por África, Israel, Gales, Italia, India, Egipto, Corea, Kuwait, Tailandia, Yemen, Madagascar, Jordania, Chipre, Paquistán, Kenia, Uganda, Zanzíbar, Qatar, Centroamérica y otros países que suman 52 en total. En 2002 realizó su último viaje, a la India. “Cada país tiene lo suyo, pero pasar por los mismos sitios donde vivió Jesús, eso es otra cosa, se emociona uno, se aprisiona el pecho”, dijo Pedro, describiendo lo importante que fue para él visitar la tierra donde nació Jesús y el mar de Galilea. Pero también el roce con personas de otro color, otras lenguas y costumbres quedaron impregnadas en este campesino de bigote espeso y de habla pausada. “Él no tenía ni idea que había personas diferentes en otras partes del mundo, otros colores de piel, otras formas de vivir, otros dioses que adorar y eso lo sorprendió mucho, el hecho de no poder comunicarse también”, comentó Sardina. El traductor durante las travesías siempre fue Sardina, aunque este confesó que en ocasiones, como en África, muchas conversaciones con los nativos fueron a base de señas. “Hay poblaciones de algunos países que su divinidad es un toro, una vaca, Buda, y en cuanto a Jesús las personas son muy respetuosas, mucho más que aquí”, dijo el salvadoreño. Pedro ha vuelto a sus labores, sus hijos, cuatro en total son profesionales y aunque no tiene planes para viajar a corto plazo, su amigo Sardina afirma que en sus proyecciones está llevarlo a él y a su esposa María del Tránsito de Bonilla a Alaska, y así sumar más recuerdos al álbum fotográfico. “La vida es bella, única, se debe tomar el tiempo para viajar y conocer otras culturas”, dijo Sardina, quien admira a Pedro por su valentía y afán. “Pedro es un gran ejemplo de salvadoreño, no salía a ningún lado sin antes haber recogido las cosechas”, comentó. Aprendió a leer Una de las limitantes de Pedro Antonio Bonilla era que no podía leer ni escribir, sus ocupaciones en el campo no le permitieron nunca ir a la escuela. Una vez en Estados Unidos, George Sardina se dio a la tarea de mostrarle las primeras letras y en tres meses el campesino comenzó a leer bien.“Yo soy instructor de medicina y nunca había tenido un alumno como él, aprende rápido. Eso no se puede dudar”, comentó el estadounidense. Articulo de la Prensa Grafica: http://archive.laprensa.com.sv/20071231/departamentos
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